Un funeral cargado de espinas

El fotógrafo berciano Martinferre presenta en Ármaga sus fotografías argénticas.

En la muestra no solo figura el capítulo de las flores, sino que también hay otros dos: ‘El Jardín de las danzarinas’ y ‘El Bestiario’.

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MARCELINO CUEVAS | LEÓN
León

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Cuando el artista se analiza interiormente, cuando de verdad piensa en el más cierto de los destinos, acaba creando flores para un funeral inexorable. Esa ha sido la reflexión del fotógrafo berciano Martinferre. «Siempre he contemplado con detenimiento —dice— las humildes flores de las cunetas. Unas plantas que no son ejemplo de belleza, que muestran tallos llenos de punzantes espinas. Y creo que ese debiera ser el único adorno floral en mi funeral. Por eso en los últimos tiempos he dejado atrás mis series de paisajes y bodegones para dedicarme plenamente a crear en blanco y negro, sin ningún adorno y con una técnica muy especial, una serie de imágenes que he completado con una colección de poemas que algún día formen en conjunto un libro. Voy esparciendo ortigas, rajando con cuchillo de carnicero/ el vientre azul del cielo para que se desangre de estrellas/Cardo reseco del camino, vara del diablo/ Todo eso seré, y más, hasta exhalar el último suspiro», asegura el artista.

Las obras que presenta Martinferre en la galería de arte Ármaga son piezas únicas, ya que el sistema empleado por el artista no permite las copias. «Estos trabajos están realizados con una técnica que se llama fotografía argéntica —explica—, se hace con gelatina de plata, sobre papel baritado, sin recubrimiento plástico. Las composiciones las hago siempre en el cuarto oscuro con una luz roja. Hago la composición poniendo las flores o los objetos que voy a emplear sobre el papel. En un momento dado, cuando la composición está terminada, enciendo una luz blanca durante unos instantes y termino el revelado. Por eso todas las obras son únicas, no puedo hacer dos iguales».

La exposición, en riguroso blanco y negro y con algunas calaveras como iconos, es verdaderamente funeraria.

«Nunca se sabe —comenta el artista berciano— como nacen estas cosas. Yo partí de la idea de que al morir no todos merecemos rosas, hortensias o gladiolos… muchos merecemos esas sencillas flores de las cunetas. Pero en esta exposición no solamente figura el capítulo de las flores, sino que también hay otros dos que he titulado: El Jardín de las danzarinas y El Bestiario . Aunque en todas ellas la técnica haya sido la misma», puntualiza.

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Sin duda se trata de una muestra eminentemente poética, en la que la sencillez de la antigua técnica empleada por el artista berciano, dota a sus obras de una dimensión diferente. Podría Martinferre haber escogido el camino más fácil de lo digital, pero ha querido volver a los orígenes para conseguir unos efectos sorprendentes.