CULTURA
Pintor, pensador, poeta... y Amable
Tan polifacético y brillante como anónimo en esta tierra, el legado del leonés Amable Arias amplía su valor con el poemario inédito que ahora le edita Eolas y que se suma a las muestras dedicadas por la Capitalidad Cultural de San Sebastián
e. gancedo | león
«Cada vez soy menos lo que soy para ser lo que seré». Palabras de un jovencísimo Amable Arias Yebra escritas en el ticket de préstamo de un libro sacado de la biblioteca municipal de San Sebastián. En esa época intentaba desesperada, apasionada, furiosamente, paliar la ausencia total de cultura recibida en el transcurso de una infancia durísima. Y sólo gracias a sus únicos y colosales esfuerzos llegó a ser una singular referencia de la pintura y el dibujo en Euskadi, un símbolo de libertad creativa y de inabarcable curiosidad ante el mundo.
Miembro del grupo vasco Gaur, entre cuyos miembros se contaba a Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, el valor de su legado es tal que la Capitalidad Cultural de San Sebastián abría su programación, el pasado 22 de enero, con una exposición en el Museo de San Telmo sobre esa mítica reunión de artistas a la que se ha sumado otra específica sobre Arias (Bembibre, 1927) en la galería Kur de la misma ciudad. Y a todo ello se suma ahora la publicación, por parte de la editorial leonesa Eolas dentro de su colección Seinne, de Encantamiento y desencantamiento, un poemario inédito de este polifacético creador que incluye varias ilustraciones suyas. El epílogo es del leonés Rogelio Blanco y el prólogo (Amable Arias, la palabra eclipsada), obra de quien fuera su compañera, Maru Rizo, supone un clarificador repaso por los condicionantes y motivaciones más decisivos en la vida del pintor.
«A los nueve años, jugando con sus amigos, sufrió un grave percance: un vagón en vía muerta le aprisionó contra un muro. Las secuelas le supusieron reiteradas complicaciones médicas y tener que usar muletas toda su vida. Pero no fue ésta su única dificultad existencial, un padre maltratador y una pobreza que le acompañó gran parte de su vida, acabaron moldeando un carácter reactivo a las penalidades y una arrebatada imaginación creadora de mundos compensatorios», repasa Maru.
Y prosigue incidiendo en que esa infancia llena de carencias le impidió recibir formación alguna. «Había asistido a la escuela de su pueblo hasta los nueve años —detalla—, y después estuvo de hospitales en convalecencias hasta los catorce, momento en el que llegó con sus padres a San Sebastián, donde, durante esos años, no asistió a ningún centro de enseñanza».
Cuando Amable tenía veintidós años, su madre consiguió un trabajo sin sueldo en el Teatro Principal de San Sebastián (era la encargada del guardarropa), y allí, en contacto con aquel mundo de artistas y bohemios, comprobó el berciano la vastedad de su ignorancia. Y decidió ponerle fin cuanto antes. Fue en ese punto cuando comenzó su arrebatado afán por aprender, por absorber, por barrer las bibliotecas. Todo un ejemplo de superación y de empeño por crecer intelectualmente.
Y en cuanto a Encantamiento y desencantamiento, que esta semana ve la luz y que será presentado el próximo 13 de abril en el centro Koldo Mitxelena de San Sebastián, Maru Rizo explica que su poesía —faceta menos conocida— «se vale de lo pequeño como suma de lo grande, y del humor como tragedia en segundo plano». Entre los temas, escoge y destaca asuntos de tan grande calado como «la pobreza como dignidad, la religión como intento destructivo de la razón, Bembibre como arcón de metamorfosis, el azar como zancadilla prodigiosa, el marxismo como teoría y práctica, la codicia legalizada como hacedora de sufrimiento, el arte como espejo multiplicador; la noche como aproximación al yo…».