El leonés y su destinatario
«Bueno, amigo mío, me despido. Te recomiendo que no desgarres nunca la oreja izquierda de nadie y que no hagas llorar nunca a nadie para siempre. Lo lamentarás setenta años, por lo menos. Cuídate mucho por si, accidentalmente, tuvieras que enloquecer, ya sabes». Así termina la carta de Antonio Gamoneda, y la respuesta, escrita por la madrileña Ángela Cerdás, de 16 años, comienza de esta manera: «Soy esa mujer de la oreja herida, aunque soy muchas. Vivo en tus recuerdos, en tus pesadillas, en tu sangre. Sin embargo, vivo también escondida en otras como yo...».