MINORÍAS ABSOLUTAS
El rapto de Europa
Los derechos humanos son más sagrados que los derechos del estado». Esta sentencia nos recuerda a muchos de los discursos que los líderes europeos están dando en estos días en torno al cierre de fronteras europeas y su contraprestación a Turquía para hacer de «campo de concentración» de los refugiados que solicitan asilo en Europa. Esta frase, no es otra que la que legitima con la misma hipocresía Adolf Hitler en su libro Mein Kampf (Mi Lucha). Concretamente, en el capítulo 3 párrafo 63.
Las frases populistas que generan al final una justificación hacia el bien desde los más reprobables actos, llevan generando un caldo de cultivo desde hace ya muchísimos años en esta Europa que se desmorona política, económica y socialmente. La gran debacle que se avecina en esta vieja región, madre de la cultura imperante en occidente, está ya comenzando a dar sus pasos ante la caída de sus cimientos éticos y filosóficos con los que la humanidad ha ido creciendo.
Con el reciente pacto, de manera unánime —como dictan los comunicados oficiales— Europa ha firmado el contrabando de personas fuera de los derechos cívicos y morales que ha construido durante siglos. Se ha oficializado la venta de seres humanos.
Seis mil millones de euros son suficientes para limpiar una conciencia que ya apenas existe. No existe como institución ni existe como sociedad genérica. Europa ha ido dejándose a sí misma, por cansancio, por vejez, por hambre de poder... su fuerza de convicción, ideológica, moral y ética se ha ido vendiendo poco a poco sin que sepamos muy bien cómo ni a santo de qué.
Como economía Europa está tocada de muerte. No ha sabido ejercer el control de la dignidad de sus pueblos para gestionar los recursos de manera solvente. Estamos inmersos en el que será posiblemente el trato que asesine los derechos fundamentales en los que se ha construido una sociedad libre. El TTIP, o tratado de libre comercio no hará que EE UU copie nuestros modelos más loables y sociales... será al revés, nosotros entraremos a ser mercancía de las grandes multinacionales con el auspicio de los grandes gobiernos europeos. Como sociedad, vemos la repercusión de tanta desidia y tan poco ahínco en concienciar a nuestros ciudadanos de que los derechos fundamentales de los seres humanos han de prevalecer como dogma que define una sociedad sana y libre. Ni una sanción ha habido a los «europeos» que humillaban a una gitanas rumanas en Madrid. Luego en Italia orinan a otra mendiga y así cada vez se afianza más la desnaturalización de esos habitantes de una región que construyó los derechos para una vida digna: Europa.
Ahora Europa acuerda con Turquía expulsar a los inmigrantes que vengan. Lo que haga Turquía con ellos —devoluciones a países en guerra, hacinamientos, falta de control real para mantener los derechos fundamentales, restricción a las ONGs para que no puedan monitorear las acciones gubernamentales, etc—.- ya no nos duele. Nos lavamos las manos, nos deja de importar ser cuna de la libertad. Nos deja de importar ser Europa.