MONCHO BORRAJO. HUMORISTA
«Es peligroso que los jóvenes sean tan políticamente correctos»
El veterano cómico y actor orensano Moncho Borrajo. JIMENA PRODUCCIONES
Lugar: Auditorio Ciudad de León.
Hora: 21.00.
Entradas: 24 euros.
e. gancedo | león
Hace tiempo que Moncho Borrajo dejó de ser ese cómico al que sólo le hacía falta la goma para ser una careta de carnaval viviente y se convirtió en orfebre de espectáculos en los que el humor queda insólitamente engarzado con la cultura («¡mirad si ha cambiado Moncho Borrajo que ahora hasta hace silencios!», escribió un crítico bilbaíno). El veterano humorista gallego aterriza hoy en el Auditorio Ciudad de León con el último de esos montajes, Moncho Panza, y de tal modo se ha sumergido en el universo cervantino que a don Quijote le llama siempre, incluso en esta entrevista, con un familiar «señor Quijano».
—¿Hay que estar muy loco o muy cuerdo para atreverse con la gran obra de Cervantes?
—Hay que estar como el señor Quijano, muy loco, claro... porque esa es la única forma de poder llegar a decir algo lúcido.
—Un senador romano (Golfus Hispánicus), el genial Francisco de Quevedo y ahora el Quijote, o mejor dicho, Sancho Panza.
—Bueno, se trata de un nuevo tipo de espectáculo basado en cuestiones de actualidad, de las cosas del día a día, y ahora lo que me apetecía era dejar de ser el listo que lo sabe todo de Quevedo y pasar a ser el hombre llano que tiene la sabiduría del pueblo. Fíjate que los españoles seguimos, después de tantos años, hablando con los refranes de Sancho Panza.
—Aún hay gente que no se cree que el Quijote sea un libro realmente divertido...
—¡Divertidísimo! Y además con una carga social muy fuerte. No olvidemos la defensa encendida que hace Sancho de la mujer maltratada o cómo se ríe de los nobles y los burgueses cuando lo hacen gobernador de la ínsula Barataria.
—Pero su personaje no es el Sancho Panza original...
—No. Es, digamos, su tatatatataranieto Moncho Panza, un tipo normal que habla de los problemas cotidianos. En este sentido no es un espectáculo tan político como los anteriores que he hecho, es más relajado, más tranquilo, hay tiempo para la mímima, los gestos, los silencios... La gente está cansada de los políticos, aunque sean necesarios, y aquí más bien hay referencias a los móviles, las prisas, al cine, la televisión... Ah, y Moncho Panza no es gobernador de Barataria sino alcalde del berlanguiano Villar del Río.
—También hay guiños a personajes muy conocidos.
—Pues sí. Hay homenajes a Paco Martínez Soria gracias a la voz grabada de José Mota; a Pepe Isbert, de la mano de Antonio Campos, a Sara Montiel...
—¿Qué prefiere? ¿Que el público reflexione o se divierta?
—Que piensen divirtiéndose. Es lo que he perseguido durante mis 45 años de carrera. Todo sienta mejor con crema, como suelo decir. A veces la mejor bofetada es una carcajada y el mejor beso, una mirada. Un cuerpo sólo funciona si dentro hay un esqueleto, un guión bien trabajado, luego la carne puede ser más o menos bonita. Me encanta que la gente salga del teatro y siga hablando y discutiendo sobre lo que ha visto. Una vez oí a dos hombres que se decían: «Será maricón, sí, ¡pero a ese yo no le dejo con mi mujer!».
—Y en ocasiones, con el teléfono en la mano, como los clásicos del humor.
—Es que fíjate en Gila, que criticaba una guerra después de haberla sufrido; mira Groucho burlándose de la monarquía, de las carreras o de la ópera; o Cantinflas con los dictadores, hacían verdadera denuncia social, se burlaban del poder haciendo reír, que es la gran virtud del humor pero que, a la vez, resulta saludable. Mi humor debería estar subvencionado por la Seguridad Social porque ¡la de pastillas que la he ahorrado yo!
—¿Echa en falta ese atrevimiento en los nuevos cómicos?
—Totalmente. Primero porque todos me parecen iguales siendo básico que cada uno tengamos nuestra personalidad y nuestro atuendo. Ahora parecen todos salidos de El Corte Inglés. Y que no se salen del guión, si la gente no se ríe, no reaccionan. Me parece peligroso que los jóvenes sean tan políticamente correctos. Y después me han decepcionado las mujeres humoristas, esperaba mucho más de ellas.