POP
Adiós al príncipe
MATT CAMPBELL
pacho rodríguez | león
Muere Prince, icono del pop de los 80, nace el mito atemporal. Así tan de repente, ¿qué quedará de Prince en la historia del pop? Puede que sea la pregunta que no viene a cuento pero que él persiguió toda su carrera. El artista de los mil nombres, algunos tan estrambóticos que seguro que serán anécdota, sí que consiguió rodearse de la aureola propia de los que forman el santoral pop. Y como va y se muere a los 57, añade de sobra el ingrediente mítico tan frecuente y necesario para convertirse en inmortal. Ayer, la noticia de su muerte corrió como la pólvora expansiva de la que están sembradas las redes sociales, esas que algún día anunciarán la muerte antes de la muerte, y acertarán.
Pero era verdad. Prince Rogers Nelson nació en Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos, un 7 de junio de 1958, y murió ayer, y, por aquello de lo universal, parece que tanta lluvia de estos días era púrpura invisible. Purple Rain. Sólo con esta canción invadió las discotecas, noche a noche, de todo el mundo. En aquellos tiempos en los que ser fan de Prince era, además, un sello de calidad. En los efervescentes y post lisérgicos años 80 logró, por ejemplo, que en la misma mesa se le considerara heredero de Jimi Hendrix a la par que rival de portada de Michael Jackson. Desde aquel For you, disco que inicia su carrera a los 20 años, a los HitNrun Phase One, y Phase Two, del año pasado. Y entre medias, el Dirty Mind de 1980, por ejemplo, donde sus 158 centímetros de altura no le impiden empezar a convertirse en gigante del pop. En 1984 despacha Purple Rain, con la canción, también película, del mismo nombre, que le catapulta y sirve para generar el debate propio de las grandes estrellas en torno a si su carrera toca techo o es algo más.
Tal vez, si algo se debe destacar de su trayectoria, es que, como en Come (1994), Chaos and Disorder (1996), o el One Nite Alone de 2002, y el más cercano Planet Earth (2007), al margen de reconocimientos, su obra logró el hecho transversal de que sólo con su mera y espumeante presencia una estrella del pop era capaz de abrir los telediarios y las secciones culturales.