Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

Creado:

Actualizado:

Ayer celebré el poema. En este territorio electoral ayer quise ser palabra que no enferma y por ello tuve el recuerdo en el paladar del significado de todo lo que es imborrable. Ayer celebré el nacimiento de Whitman y el tiempo fue más benevolente conmigo.

Llevamos en León unas semanas de compulsión poética. Tal vez la costumbre de mantener este nivel nos haga perder la perspectiva de que probablemente, la mayor programación literaria española en relación a los habitantes que tiene, se la lleve León.

En una semana hemos tenido lecturas de poetas que trascienden fronteras como lo son el venezolano Rafael Cadenas o el iraní Mohsen Emadí. Hemos podido escuchar a nuestro Cervantes, Antonio Gamoneda y hemos contado con un granado grupo de poetas del ámbito nacional que han regado con textos, músicas y disidencia cantidad de locales y conciencias leonesas.

Puedo nombrar a algunos: Roxana Popelka, Alejandro Céspedes o Velpister son ejemplo. También han estado presentes los nuestros, los que generan una lucha diaria por mantener la palabra viva. Vicente Muñoz, Luis Carnicero, Silvia Abad, Julio Llamazares o la constante emoción del Ágora de Poesía que celebraba su tercer aniversario.

Todo esto se ha generado en 5 o 6 días sin un motivo concreto. Por la pulsión innata que genera esta ciudad. Fuera de ferias y con nulos o nimios apoyos institucionales. La palabra no necesita ser comprada con cachés concretos. La palabra fluye sin perversión económica, pero los escritores… los poetas que se acercan cada día con su trabajo, sí necesitan una consolidación mínima para poder dignificar su esfuerzo. Se estila ya demasiado el hecho de cubrir en el mejor de los casos gastos de desplazamiento y poco más. Pareciese que los poetas que vienen no deben comer, beber, ni abrigar sus días por el trabajo que realizan. Tener las ganas siempre encendidas, saber de la responsabilidad de una dicción libre, parece ser que está reñido con asumir las necesidades básicas de cualquier creador.

Ni cachés de 5.000 euros por media hora ni la gratuidad del esfuerzo diario, la realidad se coloca en términos de en medio que parece ser que poco se valoran desde algunas instituciones. Somos envidia de España en programación literaria pero poco se puede hacer si los gestores de esta ciudad no tiran de amistades, poniendo sus casas como refugio e insuflando de a poco los mínimos de dignidad con microaportaciones tanto de instituciones públicas como empresas privadas.

Queremos lo que tenemos pero nadie asume su relevancia. Triste. Muy triste. Menos mal que, a la manera de Blas de Otero, siempre nos queda la palabra. Tal vez de eso se aprovechen tantos, de ese saber que a pesar de las necesidades, del trabajo, siempre estarán los poetas ofreciendo su pensamiento libre, su trabajo de reflexión y reflejo social pese a no haber recompensa alguna. Tan sólo la escucha y su bondad popular.

Cargando contenidos...

Ayer celebré el poema, celebré el nacer de Whitman… sus versos. Mañana celebraré también el poema, su eternidad, tal vez la de Ungaretti.