LA ENTREVISTA
«Los monstruos existen, somos los seres humanos»
LUIS MORO / ARTISTA
El pintor expone su ‘Jardín animado’ en la galería de Ángel Cantero. CUEVAS
marcelino cuevas | león
La pintura de Luis Moro tiene la propiedad de la sorpresa. Son las suyas obras muy meditadas que hablan al espectador sobre sueños, creencias, emociones, seres mágicos, plantas milagrosas y sobre la eterna curiosidad del artista. Moro es un artista de formación autodidacta que lleva cuatro décadas estudiando los secretos de la pintura y el grabado, y eso se refleja en su obra.
—Luis Moro es un castellano viejo que en los últimos tiempos contempla el mundo desde tierras aztecas.
—En mi caso vengo de Segovia, pero llevo ya bastantes años viviendo en México. Creo que mi mundo tiene mucho que ver con toda la simbología prehispánica que existía en México, sobre todo el mundo natural y mágico de los artrópodos, de las mariposas… simbolizando la reencarnación. Por ejemplo, allí el Día de los Difuntos es cuando llega la migración de la mariposa monarca y representa la vuelta de los seres allegados que han fallecido. En México había mucha mística en torno al mundo animal: animales de poder, de transformación, comestibles… Hay un amplio y variado significado proveniente del mundo animal. Y eso es en lo que yo he trabajado durante toda mi vida, fusionándolo con la poesía. Así han surgido proyectos como el que acabamos de presentar en León con Antonio Gamoneda, y otros basados en la farmacopea, con el libro de Dioscórides, o la gastronomía con los insectos comestibles… siempre he estado al lado de la naturaleza y toda la magia que la rodea.
—A León, además de a presentar su obra en la galería de Ángel Cantero, también ha venido a mostrar la carpeta que ha realizado con Antonio Gamoneda ¿Cómo entiende esta colaboración?
—Lo que define la carpeta es su contenido poético y su cuidadísima realización. Hemos estado trabajando conjuntamente durante un año en los tres poemas y las tres litografías que la componen. La técnica empleada para los grabados es la piedra litográfica trabajada de forma completamente artesanal, como se hacía antiguamente, como trabajaron desde Toulouse-Lautrec, los especialistas en esta técnica ya centenaria. Y los poemas se han imprimido a la manera tradicional, con tipografía manual. Realmente son grabados realizados letra a letra que conservan un cierto relieve. Una opción muy interesante en un tiempo en el que todo es infográfico. Naturalmente, la maravillosa visión del poeta está completamente integrada en mis dibujos.
—Basta con mirar su obra para entender que es usted un auténtico investigador…
—Cuando me dicen «tú has estudiado» yo contesto rápidamente que aún sigo estudiando. Soy un artista autodidacta que ha hecho talleres con auténticos maestros. También he viajado por varios países. He investigado en textos antiguos, como El Dioscórides, y en los escritos de contemporáneos como Gamoneda, Manuel Alegre y varios poetas mexicanos. La verdad es que soy un curioso. Llamarme investigador sería demasiado pretencioso, soy un curioso del mundo que nos rodea.
—¿Dónde se siente más a gusto, en la pintura o en el trabajo más artesano del grabado?
—Lo que más me gusta es variar. En los últimos tiempos he trabajado con la fábrica de vidrio de La Granja, he realizado otra serie de esculturas en bronce, en el grabado creo que he empleado todas las técnicas… pero siempre voy mezclando. Durante dos meses me dedico a un proyecto, después cambio totalmente, paso del gran formato al pequeño… Mi carácter inquieto hace que nunca me eternice en un proceso y que después termine por volver a él con una visión nueva y otra actitud. Me gustan todos los capítulos de mi obra.
—La exposición ‘El jardín animado’ está llena de pequeños monstruos... ¿No teme que en algún momento cobren vida?
—Yo creo que los verdaderos monstruos de este mundo somos los humanos, que cada día somos más y siempre estamos atacando al planeta. Creo que todos estos artrópodos y otros pequeños seres que nos rodean se limitan a llenarlo de belleza. Como decía Dioscórides, «las partes de cualquier animal todas sirven para infinitas cosas, salvo aquellas del hombre que para ninguna útil son buenas sino para mil maldades y hechicerías».