El síndrome de Velázquez
Laura Cumming mezcla ensayo, intriga, historia y su propia aventura personal en ‘Velázquez desaparecido’, un libro sobre una evanescente pintura y el poder del arte.
Autorretrato de Velázquez e imagen de la escrictora Laura Cumming. FERNANDO ALVARADO
miguel lorenci |madrid
Laura Cumming (1961) indaga en el poder de la pintura a través del poderoso efecto Velázquez, que algo tiene que ver con el síndrome de Stendhal. Por admiración a Velázquez se hipotecó y arruinó su vida en el siglo XIX John Snare, un librero británico. El mismo y potente genio del pintor sevillano fue para esta crítica de arte escocesa el flotador al que se aferró cuando su vida naufragaba. Cumming mezcla ensayo, intriga, aventura, historia y su propia aventura personal en Velázquez desaparecido (Taurus), un sorprendente híbrido en torno a una evanescente pintura velazqueña y el poder del arte.
Abducido por el genio del maestro sevillano, Snare renunció a su familia y se arruinó para demostrar que un retrato de Carlos I de Inglaterra por el que pagó 8 libras salió de la paleta de Diego Velázquez de Silva. Una historia real «que conocí de forma casual» y que le ha servido a Cumming para construir este poliédrico libro. Poco sabemos hoy de aquel cuadro que viajó del Reino Unido a Nueva York, que se expuso en el Metropolitan, que levantó tantas pasiones como dudas y que es para la autora «paradigma del poder de la pintura».
Su peripecia es el alma de este heteróclito libro «que es ante todo un homenaje a Velázquez». «No hay duda de que es el mejor pintor de la historia y el autor de la mejor obra que conocemos, Las meninas , la más bella e importante, sin duda y por miles de razones» dice Cumming risueña, categórica y encantada de estar de nuevo en la ciudad del Museo de Prado. En Edimburgo vio con 8 años Vieja friendo huevos y se topó luego a la gran obra velazqueña cuando con treinta años perdió repentinamente a su padre, el pintor James Cumming.
«Me reconfortó y me permitió recuperar mi vida tras aquella tragedia, todo lo contrario de lo que le ocurrió a Snare cuando se aproximó a Velázquez», explica la crítica de arte de The Observer . «Las meninas captan el destino que compartimos todos los humanos. La finitud. Evidencia el poder del arte para conectar pasado y presente, a quienes vivimos y a quienes ya no existen» sostiene. «Velázquez mantiene viva esa conexión, hace que vivamos el ahora y el momento en que él pintó aquella maravilla; la historia de los otros y la nuestra no tienen por qué terminar, nos dice. La mortalidad la compartimos quienes están dentro y fuera del cuadro, y es único en toda la historia del arte. Plasma un momento en el tiempo que siempre se proyecta en el futuro. Sus figuras siempre están esperado al espectador, generación tras generación», arguye.
Un libro de fantasmas
Admite que Velázquez desaparecido puede leerse como un libro de fantasmas. «Fantasmal es el cuadro, la oscura vida y la historia de John Snare, el librero inglés quien en 1845 sucumbió a la belleza de la ennegrecida pintura que se atribuía a Van Eyk y por la que pagó lo que entonces valía un caballo, y la del propio Velázquez, de la que sabemos poco», dice Cumming que en inglés optó por el más fantasmagórico título de El hombre que se desvanece .
Comenzó por reconstruir la vida de librero, trazó luego el etéreo periplo del cuadro y acabó metiéndose de lleno en la vida de Velázquez y en la corte de Felipe IV donde sirvió como pintor de cámara. Una suma de misterios que dan «un aire detectivesco» a un libro que ha sido todo un éxito en el Reino Unido y en Estados Unidos. Sin destripar la historia, Cumming asegura que nadie conoce hoy el paradero del retrato «que, dependiendo de quién, se sitúa en Estados Unidos, Inglaterra o España, de donde nunca habría salido según algunos historiadores».
Un cuadro que nadie ha visto desde hace siglo y medio pero cuya belleza glosaron los críticos británicos y norteamericanos a quienes Snare se lo mostró con la plena convicción de que era un Velázquez. El libro es una investigación y a la vez un acto de homenaje a la figura de Velázquez, el «amor desesperado» de Cumming que maneja la escasa información que hay sobre el retrato de Carlos I de Inglaterra que enajenó a Snare, que murió arruinado, solo y alejado de su familia en Estados Unidos.