Diario de León

La insólita donación del hispanista Jordan: un Velázquez para El Prado

William B. Jordan con el Velázquez que ha donado. EFE

William B. Jordan con el Velázquez que ha donado. EFE

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miguel lorenci | madrid

Día «histórico y gozoso» para el museo de Prado que recibió ayer la inesperada, feliz e insólita donación de una nueva y desconocida tela de Velázquez. Se trata de Retrato de Felipe III , un boceto para una obra perdida, La expulsión de los moriscos , pintada hacia 1627 y destruida por las llamas en 1734. El infalible ojo del hispanista y experto en arte español William B. Jordan (Nashville, Tennessee, 1940) la localizó hace casi tres décadas en un catálogo de una subasta. La adquirió por un precio «muy bajo» que no precisó y la cede ahora al Prado a través de American Friends of the Prado Museum, asociación sin ánimo de lucro que la deposita en el Museo del Prado.

Los conservadores del Prado y su laboratorio confirman «tras exhaustivos estudios y análisis» y sin ningún género de dudas la autoría velazqueña de esta obra, de 62,6 por 52,9 centímetros, desgajada de un lienzo mayor y presentada por todo lo alto. Ratifican los estudios previos de Jordan que ha tenido en su poder durante casi treinta años este inédito Retrato de Felipe III , el único boceto de Velázquez que se conoce y se expondrá en las salas del Prado como depósito temporal prorrogable. Es un cuadro preparatorio para el rostro de Felipe III que el genio sevillano realizó para La expulsión de los moriscos , tela fechada en 1627 para el salón de los espejos del Real Alcázar de Madrid que se destruyó en el incendio del palacio de los Austrias. Se conoce por descripciones escritas y no se conserva ninguna copia. No es un retrato del natural ya que Felipe III murió en 1621, poco antes de la llegada de Velázquez a Madrid, y debía de formar parte de la tela encargada al pintor de cámara a imagen de la ‘Alegoría de Lepanto’, de Tiziano. La feliz incorporación en depósito de esta obra a la colecciones del Prado «completa el discurso de Velázquez como retratista real». Se trata de «una pintura de extraordinaria calidad, inédita para la investigación» y «que permite arrojar luz sobre una de las obras capitales del comienzo de la etapa cortesana del pintor», según Miguel Falomir, adjunto a dirección del museo. Su descubridor la compró «muy barata». Aunque es consciente de su enorme valor, señala que «es un instrumento de trabajo y no batiría récords en una subasta». «Es el Prado el lugar donde debe estar» dice este experto hispanista que durante su carrera ha gestionado la adquisición de cuatro obras de Diego Velázquez para distintos museos.

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