El Guggenheim de Bilbao exhibe las ‘joyas de la corona’ del expresionismo
miguel lorenci | bilbao
Willem de Kooning tenía que optar por comprar comida o tabaco y robaba la electricidad a sus vecinos. Vender un cuadro era un insólito milagro para el primer Jackson Pollock. Mark Rohtko vivía a mediados del siglo XX de un mísero sueldo, los 150 dólares que le daba Peggy Guggenheim. Malvendía sus cuadros por menos de 200 dólares.
Siete décadas después, las obras de estos pintores se acercan a los cien millones de euros en las subastas. Son tres de los pilares del expresionismo abstracto norteamericano. Una corriente poderosa, iconoclasta, fugaz, radical, iluminadora y muy influyente que el museo Guggenheim revisa y reivindica en una muestra histórica que celebra el liberador estallido que cambió la historia del arte. Reúne un centenar largo de piezas de los grandes expresionistas americanos que sin escuelas ni manifiestos ‘asesinaron’ el cubismo y el surrealismo a golpe de energía y emoción. Y de paso a París como capital mundial del arte, para erigir la nueva Meca artística en Nueva York y ceder luego el testigo al pop y al minimalismo.
Con patrocinio de la fundación BBVA y organizada junto a la Royal Academy de Londres en el vigésimo aniversario del museo bilbaíno, Expresionismo abstracto da cuenta de la potencia transformadora de aquel fenómeno poliédrico y fluido que aportó osadía, diversidad y una desconocida libertad expresiva a la pintura y al creador. Lo hace con un puñado de piezas y lienzos icónicos, de escala colosal en muchos casos, firmados por genios como Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, Robert Motherwell, Arshile Gorky o Clyfford Still.
Muchas de las 130 obras que han logrado reunir las comisarias Lucía Aguirre y Edith Devaney no se habían visto antes a este lado del Atlántico. Es además la primera muestra que se dedica en Europa en el ultimo medio siglo a este movimiento crucial, un caleidoscopio de artistas dispersos que reformularon la naturaleza de la pintura y abrieron nuevos caminos primando el gesto y la emoción.