Diario de León

cultura ■ POESÍA

Agustín F. Mallo: «El artista es esa persona que saca oro del barro»

El creador de la saga ‘Nocilla’ cierra hoy el ciclo leonés ‘Le Pasquin Poético’.

El escritor y físico coruñés Agustín Fernández Mallo. E. NARANJO

El escritor y físico coruñés Agustín Fernández Mallo. E. NARANJO

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León

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Lugar: palacio del Conde Luna.

Hora: 20.30.

e. gancedo | león

Si Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) se hubiera propuesto escribir un libro que catalizase toda la fragmentación, el desasosiego y la presencia constante de la tecnología que caracteriza nuestro tiempo, «no me habría salido, claro». Lo dice el escritor y físico gallego, que hoy en León cierra el ciclo Le Pasquin Poético y quien se refiere así a Nocilla Dream, el volumen que abrió una saga y nombró a toda una generación literaria, y cuyo éxito mundial dejó paso franco a una trayectoria creativa en franca expansión.

Pero esta tarde, en el palacio del Conde Luna, Fernández Mallo se centrará más bien en su verso, que es también mestizo y cuántico, de las motivaciones profundas que se ocultan detrás de cada uno de sus poemarios y de los autores que más le han influido. Precisamente, el prólogo de su poesía completa, Ya nadie se llamará como yo, editada por Seix Barral, está firmado por Antonio Gamoneda. «Es un poeta al que admiro mucho, como también, por seguir con los leoneses, a Tomás Sánchez Santiago, a quien sigo y he ‘robado’ versos para mi inspiración», comentó a este periódico.

Autor de poemarios como Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus, Creta lateral Travelling, Joan Fontaine Odisea (mi deconstrucción) y Carne de píxel; del ensayo postpoesía; de las tres novelas del ‘proyecto Nocilla’ y de Limbo —«mi mejor libro hasta la fecha», asegura—, ha ‘reescrito’ a Borges (El hacedor [de Borges], Remake), colabora con numerosos medios y viaja por todo el mundo hablando de su particular, reconocida y multirreseñada forma de aunar ‘baja’ y ‘alta’ cultura.

Un aspecto, este último, también seña de identidad del detonante Nocilla Dream. ¿Se imaginaba Agustín Fernández Mallo todo lo que acabaría propiciando ese libro? «No, por supuesto. No lo puedes imaginar. Y si lo imaginas, no te sale —reflexiona—. Eso es algo que aparece espontáneamente, algo en lo que se conjugan muy diversos factores. No sabes muy bien de dónde sale ese texto, pero ocurría que el público, diversos sectores, algunos críticos... esperaban algo y no sabían qué. Sí podría decirse que fue un libro que trascendió lo meramente literario al captar el ambiente de una época, la literatura de un momento preciso de la cual nadie, hasta ese momento, había hablado...».

Con respecto al boom de los recitales poéticos en toda España, un fenómeno que abarca tanto centros culturales como bares y plazas, Fernández Mallo es relativamente escéptico y cree que «a veces funcionan y otras veces, no». «En ocasiones son un gesto político, y en otras logran trascender y ganar calidad —asevera—. No hay duda de que es una de las maneras que ha tenido la poesía de canalizarse, pero no es algo que yo siga demasiado... La oralidad es algo que no me interesa. Cuando he de recitar, lo hago a mi pesar, porque ahí ya entramos en otro campo, el de las artes escénicas. A la poesía hay que enfrentarse en silencio, si te la recitan están condicionando su recepción».

El escritor presentó recientemente en Nueva York la traducción al inglés de Nocilla Dream y allí volvió a comprobar que, si bien «en un mundo tan globalizado, la recepción de textos como éste es muy similar en todas partes», no pocos lectores norteamericanos se sorprendieron de las «sutilezas» e «ironías» con las que estaba retratado el ambiente estadounidense, y le preguntaban si se debía a «largas estancias en el país». «Yo les decía que no, que era sobre todo por haber visto muchas teleseries baratas», recuerda el autor con humor, y la anécdota le sirve para concluir que el escritor, «el artista, es ante todo esa persona que logra extraer oro del barro, o sea, algo significativo de algo intrascendente».

Gran lector de «Borges, Cortázar y Juan Benet en prosa, y de Valente y Gamoneda en poesía», asegura que en todo caso ambos géneros, en su persona, «están muy contaminados».

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