CULTURA ■ LITERATURA
Princesa de Asturias de las Letras para un poeta disidente
El jurado valora la valentía del polaco Adam Zagajewski, heredero de Machado.
El escritor polaco Adam Zagajewski. MARIJAN MURAT
miguel lorenci | madrid
El sentido ético y la poderosa emoción poética de la obra del polaco Adam Zagajewski (Lviv, 1945), le han hecho merecedor del premio Princesa de Asturias de las Letras. La obra múltiple del poeta, ensayista y narrador se inscribe en la mejor tradición occidental. Heredera de Machado, Rilke y Milosza, quienes «alientan el fulgor e inspiran una de las experiencias poéticas más emocionantes de la Europa» dijo el jurado de la armónica y universal obra de Zagajewski. «Contribuye a que la tradición occidental se sienta una y diversa en su acento nativo polaco, a la vez que refleja los quebrantos del exilio», agregaba el fallo, que destacó «el cuidado por la imagen lírica», y su «vivencia íntima del tiempo». Para Zagajewski, exiliado durante dos décadas, la poesía debe conjugar «ironía y éxtasis» y el poeta ha de ser «consciente de la historia». El clamor por la libertad, los valores democráticos y la búsqueda de la belleza vibran en la obra de Zagajewski, honda y de fina sensibilidad estética.
Musicalidad y luminosidad caracterizan una voz literaria que descubrió en España Jaume Vallcorba, el fallecido editor de Acantilado y valedor del gran poeta polaco. La noche, los sueños, el tiempo, la eternidad, el silencio y la muerte son temas recurrentes en la «poética de la imperfección de la vida» de uno de faros de la poesía polaca actual. Exiliado en Alemania, Francia y Estados Unidos, en 2002 regresó a Cracovia, donde hoy reside. Es coeditor de la revista literaria Zeszyty que se publica en París, fue profesor en la Universidad de Houston y en la actualidad ejerce la docencia en Chicago. Se impuso Zagajewski a los españoles Javier Marías y Juan Mayorga y al francés Michel Houellebecq, quienes llegaron a las últimas votaciones en las que quedaron apeados el portugués Antonio Lobo Antunes, el francés Emmanuel Carrère y los dramaturgos, David Mamet y Tom Stoppard. Todos ellos figuraban entre los 38 candidaturas de 23 países que optaban al galardón, dotado con 50.000 euros y que falló en Oviedo su XXXVII edición.
Con este fallo el premio sorprende, cambia su tendencia y trata de nuevo de anticiparse a un previsible Nobel. Incorpora a su palmarés la lengua polaca, tras apostar en tres de las últimas cinco ediciones por autores anglosajones.