cultura ■ LIBROS
«Lo que más me ayudó fue fijarme el objetivo de torear en Sevilla»
Javier Castaño habló de su lidia contra el cáncer en la presentación del libro sobre su vida, obra de Javier Lorenzo.

Joaquín S. Torné, Javier Castaño y Javier Lorenzo, en la presentación de la obra. F. OTERO PERANDONES
e. gancedo | león
«Es una locura». Eso fue lo que le respondió la oncóloga cuando escuchó que ese paciente suyo llamado Javier Castaño no estaba dispuesto a cancelar la faena que tenía prevista para el 17 de abril de 2016, en la Maestranza y frente a los siempre temidos Miura, aunque se estaba tratando un serio cáncer de testículo. Un amigo del diestro leonés, médico también, tranquilizó a la especialista: «No te preocupes. Javier es torero».
La anécdota sirve para sintetizar la odisea del matador de Cistierna, que aquella tarde inolvidable consiguió lidiar a su toro y recibió una ovación interminable por parte del respetable sevillano, montera en mano y calvo completamente por efecto de la quimioterapia. «Supongo que he sido un paciente normal, pero en la recuperación sí que el torero tiró del hombre. Volver a estar en forma en sólo 19 días, una auténtica carrera contrarreloj, es algo realmente difícil. Fijarme un objetivo, el de estar en Sevilla, me ayudó mucho». Lo decía ayer Javier Castaño durante la presentación, en el Club de Prensa de Diario de León, del libro Alma de acero. El torero que venció al cáncer, obra del periodista de La Gaceta Javier Lorenzo, también en la mesa junto al director de este periódico, Joaquín S. Torné.
Dos ‘Javieres’ que demuestran «mucho valor en las cosas que hacen», apreció Torné, en alusión también a las ‘cornadas’ y sinsabores de la literatura, y ensalzó el libro como un «monumento a la capacidad de lucha y a la tenacidad». El autor de la obra, por su parte, evocó las sensaciones que experimentó aquella tarde sevillana, cuando tuvo claro que aquella historia «había que contarla». Una historia, puesta ahora en negro sobre blanco y que es, según el periodista salmantino especializado en el mundo del toro —y que ha seguido la carrera de Castaño desde sus inicios, las suyas han sido «dos trayectorias paralelas», como se puso de manifiesto—, «una lección de vida» y un ejemplo de que «jamás hay que tirar la toalla», aseguró.
Ante un público muy taurino, el diestro nacido en Cistierna recordó algunos pasajes de su vida como aquella niñez en la localidad montañesa, cuando su padre le regañaba cuando le veía jugar al fútbol en la calle —quería que fuese torero, como habría querido para sí— o las mil peripecias que debía afrontar para llegar a la Escuela Taurina y a los tentaderos cuando ya vivía en el pueblo salmantino de Topas, a 30 kilómetros de la capital charra. Experiencias que se narran en un libro que deja claro, sobre todo, cómo a Castaño nadie le ha regalado nada y cómo su vida es pura lucha. «Este libro está lleno de vida, de optimismo y de superación», dijo el propio torero, quien acaba de cumplir los 16 años como matador presente en todas las plazas del mundo taurino, más de trescientas corridas en total («y aún creo que puedo conseguir más cosas, tengo energía y juventud para ello», afirmó entusiasta).
«El miedo al cáncer es distinto al miedo al toro», reconoció Javier Castaño. La tarde de Sevilla, cuando lidió su Miura dejando claro que lo imposible a veces es posible y vivió la faena «más emocionante» de su vida, también tuvo miedo, por supuesto. «Pero fue un miedo que me hizo sentir muy vivo», dijo.
Y si este libro sirve para ayudar a pacientes de la enfermedad a no rendirse nunca, «bienvenido sea», concluyó Lorenzo.