CULTURA ■ LITERATURA

«Un mundo sin palabras sería invisible»

El escritor leonés José María Merino reúne todos los cuentos y reflexiones del profesor Souto, su ‘alter ego’ en la ficción

Fotografía de José María Merino tomada por el fotógrafo Amando Casado para las imágenes de autores leoneses para el libro 'Palabras Luz Materia' donde cada escritor se 'autorretrata' por medio de la palabra.

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León

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miguel lorenci | madrid

«Si perdemos la palabra lo perdemos todo y desaparecemos como especie». Lo asegura el escritor y académico leonés José María Merino, que lamenta como «la literatura y las humanidades son hoy las cenicientas del sistema educativo». Merino reúne en Aventuras e invenciones del profesor Souto (Páginas de Espuma) todos los escritos y reflexiones en torno a este personaje quijotesco. Son cuentos, microcuentos y un novela corta protagonizada por un lingüista que tiene tanto de ‘alter ego’ como de doble del narrador, con quien comparte inquietudes y preocupaciones.

Lo evidencia en unos textos en los que se habla de Micronaciones, de soberanías de bolsillo, de un país llamado Minilandia con capital en Nanópolis y que conectan con una candente realidad ante la que Merino y Souto toman posición. «Lo que persiguen los separatistas catalanes pertenece a una tradición tan española como es la concepción de la vida como sueño», aventura.

«Hay una tradición triste en este asunto: la primera Constitución, la del 12, se la cargó el rey felón. La del 31 se la cargó Franco. Y lo que está pasando en Cataluña es otro golpe contra la Constitución, y sin Constitución no vamos a ningún sitio», diagnostica Merino sobre un problema que no tiene ni tendrá una solución fácil. «Va ser como una larga enfermedad que nos va a dañar durante mucho tiempo», vaticina. «Si se quiere cambiar el país tiene que ser a través de la Constitución. Y hay posibilidad de hacerlo, pero si damos un golpe contra la Constitución volvemos a esa tradición tan nuestra de la vida como sueño», insiste.

Distingue Merino «claramente» la ficción «de una realidad que no necesita ser verosímil, al contrario que la literatura, que debe ser verosímil y hacer creíble un cuento sobre vampiros». Una realidad que se torna «rarísima» y que le lleva a preguntarse «si en una novela nos creeríamos lo que está pasando: que vuelvan a salir misiles que pasan por encima de Japón o lo que vivimos en nuestro país con la propuesta de secesión en Cataluña».

«La lengua es una víctima de las nuevas tecnologías» asegura el académico y narrador que no utiliza ni Twitter ni WhatsApp, que tiene una relación «extraña» con Internet y que se queda estupefacto ante las patadas al léxico, la gramática y la ortografía que inundan la red. «Todo está en Internet, pero es un mundo lleno de limitaciones; lo que supuestamente amplía la comunicación reduce su complejidad», dice. «Mi nieto me manda barbaridades por correo y mensajes electrónicos escritos en un argot ininteligible» agrega risueño este guardián de la lengua en la RAE que se negó a la aceptación de «iros» por «idos».

Invasores

«La Academia no hace el lenguaje», advierte. «Es como el ICONA de las palabras y tiene que aceptar pájaros y especies exóticas e invasoras como las cotorras y las chumberas, sabiendo que no se puede luchar contra las cosas invasivas», se resigna el ganador del premio Nacional de Literatura y el de la Crítica.

«Si se destruyen las formas y las estructuras de la comunicación vamos a Babel. Hay que defender el lenguaje desde el punto de vista de la coherencia comunicativa», reivindica Merino, que denuncia «el abandono educativo de la literatura y de las humanidades». «Son las cenicientas, especialmente la literatura, que va a ser optativa y eso es de risa», señala. «Se está perdiendo la formación literaria, aunque nunca hubo mucha. Y si perdemos la lectura y la ficción escrita se acaba todo; habría que plantearse que será de nuestra especie» insiste el escritor.

«Las palabras y el pensamiento simbólico nos sostienen y nos permiten vivir. Nos dan forma a nosotros y al mundo y sin ellas se acaba el mundo como lo conocemos», asegura. «Un mundo sin palabras sería invisible, inexistente» dice Merino que se felicita, con todo, por la pervivencia «de un reducto defensivo y entusiasta de gente que sigue leyendo y escribiendo bien».

El profesor Souto nació a finales de los ochenta con el encargo de un cuento para un diario. Desde entonces convive con su autor a quien vigila de cerca y le reclama presencia. « ‘Merino, esta historia es para mí’, me dice a menudo», confiesa su creador. «Tiene que ver con mis inquietudes sobre el lenguaje, con los signos que tanto nos desconciertan», resume. Sus cuentos son un interesante «juego metaliterario» en el que Merino se inició con la lectura de ‘Niebla’ —«la rebelión del personaje me influyó muchísimo»— y que siguió con el Rimbaud que asegura que «yo es otro».

Maestro del cuento y el microcuento, cree Merino que nos sobra talento en un género «que felizmente ha salido de las catacumbas». «Tenemos muy buenos cuentistas, mucho talento joven ya sea en el cuento realista, simbolista, fantástico o surrealista», asegura. Lo constata como jurado de pequeños premios de como renegado de los jurados grandes premios comerciales. «Hace años que juré no volver a ser jurado de esos premios que gana un famoso que firma una novela que no se sabe quién la escribe», dice. Reivindica un tipo de literatura popular de calidad «que menosprecié de joven».

Literatura efímera

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«A Somerset Maugham lo he valorado con los años y de Stephen King tenía una visión distorsionada: es popular pero es un gran escritor si lo comparamos con Dan Brown, que es una aberración», asegura. «El ‘Código Da Vinci’ no se hubiera publicado ni en un quiosco cuando yo era joven. Está por debajo de toda la literatura popular que se publicaba cuando yo tenía quince años» señala. «Es literatura efímera. Ha entrado en el mundo y habrá que aprender a convivir con ella», concluye.