LEÓN ■ PATRIMONIO
Azadinos salva la casona que alojó a Jovellanos
La construcción histórica del siglo XVIII corría riesgo de desplomarse

La restauración de la Casa del Pradón incluye la consolidación de los muros y una nueva cubierta. FERNANDO OTERO PERANDONES
verónica viñas | león
Los restos de la Casa del Pradón, una histórica construcción del siglo XVIII en la que se alojó el político y escritor Gaspar Melchor de Jovellanos, están a salvo. El Ayuntamiento de Azadinos ha rescatado ‘in extremis’ lo que queda de un primitivo cenobio vinculado a San Marcos. El alcalde de Sariegos, Roberto Aller, exigió la preservación del inmueble histórico a los propietarios del caserón, ubicado en una parcela donde está prevista la construcción de una urbanización de lujo.
Tras la preceptiva autorización de la Comisión Territorial de Patrimonio, que estableció las directrices de la restauración, han comenzado ya los trabajos para rehabilitar lo que queda de uno de los edificios más antiguos y desconocidos de Sariegos, del que apenas existen referencias. La intervención incluye una cubierta nueva y la consolidación de los muros.
La fachada principal, con un espléndido arco de piedra en el que se aprecia la cruz de Santiago, es lo más notable de esta vieja casona que, en sus días gloria, alojaba a los peregrinos que hacían el Camino de Santiago por la ruta que conduce a Oviedo. En los muros también se preserva una concha y una espada tallada de la orden de Santiago. Situado en el llamado Pradón de los Monjes, al borde de la carretera de Caboalles, había sido devorado por la maleza y su estado de conservación era ruinoso, pese a estar catalogado como edificio protegido.
Aunque la crisis paralizó la construcción de chalés junto a este inmueble histórico, el Ayuntamiento exigió a los propietarios su arreglo inmediato, ante el riesgo de que se desplomara. En el archivo municipal de Sariegos no existen documentos de este peculiar cenobio en el qué hay constancia de que Jovellanos se alojó el 6 de junio de 1792, durante uno de los innumerables viajes del escritor a León. «Aquí nos hallaron los comisarios del convento que venían a recibirnos, don Fernando de Mazo y don Fernando Díaz. Tomamos el coche hasta la hacienda donde había bellos prados, cercados de altos chopos, muchas acequias y grandes plantíos», describe el enclave Jovellanos en su libro El diario de los viajes. La casa, en aquella época, tenía una cubierta de teja, dos salas, dos cuartos, cocina, un portal, salón y caballeriza, entre otras estancias, tal y como describe el escritor.