CULTURA ■ REFORMA EN SAN ISIDORO

La cámara del tesoro mostrará su ‘doble fondo’

La Junta quiere enseñar a final de año la sala vacía, sólo con los frescos medievales y los del Siglo de Oro que fueron arrancados.

Imagen de archivo de la cámara del tesoro, que está actualmente siendo restaurada, en la que se ven los murales medievales. RAMIRO

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León

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verónica viñas | león

La cámara del tesoro es, en sí misma, un tesoro. No necesita albergar piezas que mermen su esplendor. Hasta ahora, esta estancia de San Isidoro, conocida también como la cámara de Doña Sancha, exponía algunas de las mejores joyas que la colegiata ha reunido en sus diez siglos de historia.

La Junta quiere abrirla a finales de año, temporalmente, para dar a conocer la envergadura y la calidad de una sala que fue tribuna real y sufrió desacertadas intervenciones el siglo pasado. El visitante podrá contemplar los frescos medievales que aún conserva y las pinturas del Siglo de Oro que las tapaban y fueron arrancadas hace 56 años por orden del arquitecto Luis Menéndez Pidal, entonces conservador del monumento. Las pinturas, una vez extraídas de los muros, fueron enrolladas en papel de periódico y olvidadas en la capilla de La Magadalena. En los últimos meses, la empresa madrileña Taller de Arte Granda ha rescatado estos frescos del siglo XVI y, en lugar de fijarlos nuevamente a las paredes, los ha extendido en paneles móviles. La cámara del tesoro podrá mostrar así sus dos ‘pieles’: la medieval y la gótica.

Desmontando a Pidal

La sala fue modificada por Menéndez Pidal para otorgarle un artificioso aspecto medieval. Ahora, la idea es que sea «lo más parecida a como fue inicialmente», según el director general de Patrimonio, Enrique Sáiz. De ahí que la reforma de la cámara, presupuestada en 380.000 euros, incluya la recuperación de su portada renacentista, que vuelve al lugar original, en la conexión con la biblioteca. Sáiz también pretende que en el futuro se reduzca el número de joyas expuestas en esta sala, hasta ahora atestada de vitrinas.

San Isidoro afrontará en los dos próximos años una colosal reforma, diseñada por el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, artífice también de la remodelación del Museo Arqueológico Nacional y del Museo de la Alhambra. El director general de Patrimonio calcula que en verano comenzará la rehabilitación del claustro, una obra a la que el gobierno autonómico destinará 700.000 euros. «Necesita una importante restauración», explica Sáiz, quien detalla que los trabajos incluirán las cornisas, la consolidación del drenaje de la cubierta, para evitar desprendimientos, al tiempo que reforzarán las bóvedas, sin olvidar revestimientos, carpintería y rejerías. Una reforma integral que se solapará con las obras que la Junta prevé llevar a cabo —por menor importe, aunque el proyecto está aún sin redactar— en el Panteón Real.

Sarcófagos para sentarse

El último informe de la llamada Capilla Sixtina del románico no desveló graves daños en los frescos que decoran la última morada de los monarcas leoneses. Sin embargo, han pasado demasiados años de aquellos análisis y será preciso actuar, sobre todo, en las zonas que no se tocaron en las anteriores restauraciones, en los años 60 y 90; además de los zócalos, que sufren mayor contacto con los visitantes.

Sáiz adelanta que Iberdrola se hará cargo de diseñar una nueva iluminación, que permita redescubrir las espectaculares pinturas. Aunque inicialmente no estaba previsto, la nueva musealización de San Isidoro tratará de mostrar de forma distinta los sarcófagos en los que yacen los monarcas, «que los turistas usan como bancos».

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En mayo de 2016 la Junta, el Cabildo y la Fundación Montemadrid sellaban un acuerdo para remodelar San Isidoro, para convertirlo en un «centro cultural de vanguardia», con un presupuesto de 4,8 millones de euros. Cada uno se comprometió a acometer una parte de esta magna restauración. En los próximos meses, según el responsable de Patrimonio de la Junta, deben comenzar las actuaciones que financian el Cabildo y Montemadrid, que incluyen la nueva entrada al museo, la apertura de nuevas capillas, la torre del gallo..., hasta triplicar la superficie visitable de la colegiata. Sáiz calcula que en 2019 San Isidoro podría estar completamente restaurado.