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León

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El Museo de León cuenta con cuatro obras de Joaquín Sorolla que pueden admirarse desde hace años: un picador, un hombre desconocido, el ‘dogo’ veneciano y el retrato de un joven. El más importante es, sin duda, el cuarto. Y lo es porque los expertos del centro descubrieron que se trata de un retrato juvenil del propio pintor.

En un principio, según señala Luis Grau, director del museo, se pensó que el lienzo era un retrato del hijo del artista. Sin embargo, cuando la obra se comparó con las imágenes que existen de la juventud del pintor se descubrió que es uno de los primeros autorretratos del genio valenciano, cuando alcanzaba apenas veinte años y estaba a punto de partir a Roma becado por la Diputación valenciana. El lienzo ha sido trazado con una paleta ocre y un acabado sumario, incluso sin terminar en los bordes de la tela, resultado de la influencia que sus visitas al Museo del Prado ha tenido en su manera de pintar. En el blanco del pañuelo del cuello se vislumbra la firma del pintor, casi perdida. Las cuatro obras están expuestas.

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