Cultura ■ Galardón
Dos leoneses optan al Premio de la Crítica: un académico y un fiscal
‘Vicisitudes’, de Luis Mateo Díez, y ‘La vida a medias’, de Avelino Fierro, figuran entre los finalistas al galardón.

Avelino Fierro y Luis Mateo Díez.
El leonés Luis Mateo Díez puede revalidar el Premio de la Crítica. El escritor y académico de la RAE ya ganó en 2009 con Los frutos de la niebla el galardón que otorga el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Figura entre los diez finalistas de esta edición con su novela más ambiciosa, Vicisitudes (Alfaguara), de 600 páginas y 300 personajes. Un libro sobre los días que parecen una vida, en la que el autor de La ruina del cielo inventa un nuevo género literario. Luis Mateo Díez acaba de publicar El hijo de las cosas, donde da un nuevo salto al vacío, cuyo resultado es un enredo magistral y, como él mismo reconoce, su obra más humorística. Al creador de Celama le ha salido un oponente leonés, el fiscal de menores Avelino Fierro, que compite con La vida a medias (Eolas Ediciones), tercera entrega de los diarios que comenzó con Una habitación en Europa, al que siguió Ciudad de sombra. Fierro, que cada día batalla con innumerables ‘legajos’, piensa que la literatura jurídica está dominada por el gerundio; «y el gerundio no dice nada. El subjuntivo es el tiempo verbal de la literatura de creación; y el subjuntivo lo dice todo».
La última edición del Premio de la Crítica también se quedó en casa. El ganador fue el profesor de Literatura José Manuel de la Huerga, por su novela Pasos en la piedra. Seis leoneses han ganado el Premio de la Crítica en sus quince años de historia: Antonio Gamoneda (2004), por Arden las pérdidas; Raúl Guerra Garrido (2005), por La Gran Vía es Nueva York; Luis Mateo Díez (2009) con Los frutos de la niebla; Antonio Colinas (2012) por El laberinto invisible ex aequo con El rostro de Cristo, de Olegario González de Cardedal; y José Manuel de la Huerga, en la última edición.
Los leoneses se enfrentan en esta edición a los vallisoletanos Rubén Abella, con su libro No habría sido igual sin la lluvia (Los Cuadernos del Vigía); José Luis Cancho, con Los refugios de la memoria (Papeles Mínimos); Gustavo Martín Garzó y su novela No hay amor en la muerte (Destino); Luis Ángel Lobato, por Unos ojos en la travesía (Playa de Ákaba); y Ángel Vallecillo, con Akúside (Difácil). También concurren el salmantino Andrés Martín, por Boreal (Juglar), y los sorianos Enrique Andrés Ruiz, por La carroña (Pre-Textos) y Verónica Fernández, con La librería de Michelle (Espasa).