Una casa para los indianos leoneses
La Casona de los Pérez abrirá en junio convertida en Museo de la Emigración Albergará una exposición interactiva, con numerosos testimonios de emigrantes y sus descendientes.
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verónica viñas | león
Una maleta y muchos sueños. Así partieron hacia un nuevo mundo, dejando atrás su tierra, con un inmenso océano de por medio. León es la provincia de interior con mayor número de emigrantes que pusieron rumbo a América en busca de fortuna. Su historia merece un museo. A principios de junio la Fundación Cepa abrirá en la Casona de los Pérez —en Suero de Quiñones— el Museo de la Emigración, dedicado a los que se fueron. Será una exposición interactiva y didáctica, para mostrar el espíritu de los indianos leoneses. Emprendedores que, como Pablo Díez y sus sobrinos Césaro y Pablo González Díez, supieron forjarse en México el futuro que no tenían en su León natal.
Inicialmente, el museo, cuya entrada tendrá un precio simbólico, se centrará en la emigración leonesa en el país azteca, aunque la idea es ir ampliando la exposición a otros países.
En la primera gran inmigración ultramarina, entre 1911 y 1929, 54.612 leoneses cruzaron el Atlántico y se afincaron, mayoritariamente, en Argentina (37.984) y Cuba (12.058). Únicamente 817 decidieron instalarse en México. Buena parte de ellos procedían de la montaña leonesa, como la saga de los Díez, de la que descienden también los patronos de la Fundación Antonino y Cinia, los ‘indianos de Cerezales’.
Los historiadores suelen argumentar como principal causa de esta ‘oleada’ migratoria de leonesa la crisis del mundo rural y la presión demográfica. En el caso leonés es fundamental el papel de las cadenas migratorias, las redes de parentesco y vecindad, así como las estrategias familiares: el indiano que hacía fortuna acababa reclamando al otro lado del Atlántico a hermanos, primos, amigos... El Consejo Superior de Emigración se hacía eco en 1916 del componente familiar de los que hacían ‘las Américas’, «encauzada con propósito de desarraigo definitivo».
El Museo de la Emigración pretende darles voz. Una fonoteca preservará las entrevistas en las que relatan su experiencia a 8.000 kilómetros de su hogar natal.
Nacidos en tiempos de miseria, los indianos leoneses que prosperaron en Sudamérica, a diferencia de los asturianos, no levantaron mansiones ni plantaron palmeras. En cambio, se han convertido en mecenas de sus paisanos.
La segunda gran oleada migratoria leonesa se produjo entre 1946 y 1967. En esos años, 14.431 personas dejaron atrás esta provincia y zarparon rumbo a América. Si la isla de Ellis fue el punto de desembarco de la gran emigración europea en Estados Unidos, Veracruz, tras la Guerra Civil, abrió la puerta a 30.000 españoles ‘derrotados’, también un puñado de ellos leoneses. La última gran emigración se produjo en los sesenta, pero el destino de 7.112 leoneses fue el viejo continente.
Según fuentes de la Fundación Cepa, la ilusión de Cesáreo González es enseñar a la gente joven cómo se trabajaba cuando él llegó a México en los cincuenta. A pesar de que su tío ya había forjado un imperio, la segunda generación amplió exponencialmente el negocio.