Cultura ■ Obituario

Muere Julio López, maestro de la figuración

Julio López con la escultura que hizo de la reina. MANUEL H. DE LEÓN

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

miguel lorenci | madrid

Julio López Hernández, maestro de la figuración y uno de los pilares más sólidos de la escuela realista española, murió ayer a los 88 años. Falleció en la clínica madrileña en la que llevaba un mes ingresado a causa de un ictus. «Mi padre falleció tranquilo y sedado. Se ha ido luchando hasta el final y con la discreción y elegancia que le caracterizaban», escribió en Facebook Esperanza López Parada, hija del escultor más relevante de la corriente realista.

Fue uno de los miembros más destacados del denominado Grupo Realista de Madrid, los ‘siete magníficos’ de esta tendencia. Un colectivo que en la década de los 50 retornó a la tradición realista a través del realismo mágico o trascendente, contrapuesto al realismo de corte más académico y al vanguardismo abstracto de coetáneos como Saura, Tàpies y Millares. Conformado con su mujer Esperanza Parada -fallecida en 2011-, su hermano Francisco López, -muerto en 2017-, la esposa de este, Isabel Quintanilla, -fallecida en 2017- su amigo y colega de academia Antonio López, la mujer de este, María Moreno, y Amalia Avia -esposa de Lucio Muñoz, fallecida en 2011-, el Museo Thyssen les dedicó una exposición en 2016. Fue una de las últimas comparecencias públicas del escultor, quien sostenía que «nunca fuimos un grupo, porque jamás compartimos un programa».

Sí compartieron amistad, formación, solidaridad, ausencia de narcisismo y un lenguaje plástico conectado con la mejor tradición pictórica, siempre con la realidad como credo. Nacido en Madrid en 1930, López Hernández se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, de la que luego sería profesor de modelado, y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde entabló amistad con colegas como Antonio López y Lucio Muñoz. Brilló en una generación prodigiosa y muy activa que no sucumbió a ninguna moda, que resistió con firmeza al tsunami informalista de los setenta y los setenta, y al narcisismo que exacerbó la movida en los 80. Hijo de un artesano medallista, tras ganar la beca Carmen del Río de la Real Academia comenzó su carrera como imaginero religioso hasta que, seducido por la obra Donatello y por la de los escultores de la nueva figuración, como Henry Moore o Marino Marini, cambió su rumbo plástico y evolucionó desde la talla y el vaciado a un realismo de nuevo cuño. En 1955 comenzó a hacer medallas, labor en la que se consagró, con numerosas exposiciones individuales y representando a España en certámenes internacionales como la Bienal del Premio Fiorino.

Cargando contenidos...