Una de las obras de la exposición. LUCA PIERGIOVANNI

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León

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miguel lorenci | madrid

Poco antes del que la primera guerra mundial y la revolución soviética comenzaran a masacrar a millones de personas, un grupo de «antiartistas» europeos se conjuraban para asesinar la pintura esbozando una sonrisa. En 1913 se fraguó la conspiración Dadá en el cabaret Voltaire de Zúrich frecuentado por Lenin. Al otro lado de Europa, en la Rusia presoviética donde ‘Da-dá’ significa «no-no», había otra banda de radicales agitadores y risueños asesinos de la pintura, tan dadaítas o más que la banda de Tristan Tzara. Sabemos todo del Dadá occidental pero casi nada del oriental, del activo batallón de «protodadístas» rusos a los que el Reina Sofía reivindica ahora con una de las más vastas e interesantes exposiciones de su temporada. Comisariada por Margarita Tupitsyn y organizada en colaboración con la Comunidad de Madrid, Dadá ruso 1914-1924 es la primera gran muestra dedicada a la vanguardia rusa «desde el prisma canónico del movimiento Dadá». Explora «los rasgos de innovación y agitación artística compartidos por ambas tendencias», según la comisaria. Y es que aunque la mayoría de los críticos sitúan la irrupción del Dadá en Zúrich, París, Berlín o Nueva York, esta muestra «presta mayor atención al contexto artístico de la Rusia pre y posrevolucionaria».

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