EL ESTADO DEL PATRIMONIO

Madera histórica... y carcomida

El otoño pone a temblar, además de a las personas, también a las joyas del patrimonio rural: la localidad de Villarratel alerta de los estragos que las humedades y el abandono han ocasionado en su histórico artesonado, y la ermita de Santa Catalina ha perdido su gran bóveda

La gran bóveda de terceletas de Santa Catalina se vino abajo hace escasos días.

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E. GANCEDO | LEÓN
León

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Solo unos meses, apenas un año, pueden bastar para que un tesoro histórico-artístico pase a ser una ruina, o un informe montón de materiales venidos abajo. En enero, el Diario alertaba del estado en el que se encontraba el artesonado de la iglesia de Villarratel, un pequeño pueblo del municipio de Gradefes, y ahora son ya varias las voces que desde ese lugar denuncian que la situación es mucho peor y que nada parece haberse hecho para remediarlo.

«En septiembre me di cuenta de que las últimas lluvias, por ejemplo, habían borrado la fecha de finalización de la obra y de que las tablas del centro se estaban desprendiendo —comentó, en carta al periódico, un vecino de la localidad—. Entonces me pregunté: ¿Tan costoso es quitar unas goteras? ¿Por qué estamos tan abandonados? En este pueblo no tenemos más señas de identidad, y necesitamos ayuda para poner en valor lo poco que tenemos». Una crítica a la que se sumó el propio Ayuntamiento de Gradefes, cuyos responsables, con varias imágenes del templo remitidas, demuestran el preocupante estado del exterior —en el campanario se aprecia un inestable equilibrio— y, sobre todo, del interior. Tablas podridas, desconchones, grietas profundas... son heraldos del principal problema: los desperfectos en el magnífico artesonado del siglo XVI del que alertaba el vecino y que se concretan, además, en tablas ya desprendidas —y que se encontraban durante la realización del anterior reportaje en el mes de enero—, la pérdida y decoloración de trazos y el riesgo que entrañan estas humedades para una armadura cuyos tirantes se encuentran inextricablemente sujetos entre sí. «Ya salen hasta setas de entre las vigas», comentó el alcalde de Gradefes.

Decorado con cruces del más diverso tipo, flores, hexapétalas y también animales como aves, caballos y cánidos, este bellísimo pero tristemente abandonado artesonado está directamente emparentado con muchos otros del Sur leonés, de valles medios y de la montaña: así, el tan espectacular de Valdesaz de los Oteros ya está restaurado, pero muchos otros no, entre ellos el de Villacé, junto a Villamañán. «Necesitamos urgentemente que, por lo menos, se reparen las goteras y se fijen las tablas. El silencio espeso de las autoridades eclesiásticas y civiles me temo que pueden propiciar el hundimiento definitivo», escribía el citado vecino. «No se entiende que en esta zona, con grandes monumentos religiosos de una importancia de primer orden, se deje morir de inanición y abandono cuando es el único y exclusivo patrimonio que podría ser un reclamo para asentar población y poner en valor nuestra cultura y nuestra historia —proseguía—. La iglesia de la iglesia de Santa María de Villarratel es un ejemplo claro del abandono que están sufriendo los pequeños pueblos. Las pinturas de la techumbre del presbiterio que, según se podía leer el año pasado, se finalizaron en el año 1717, después de tres siglos, se están borrando sin que haya entidades que atajen este deterioro cultural».

Por otro lado, y sin que nadie se percatase de ello dado lo apartada que se encuentra, los restos de la ermita de Santa Catalina, en Cabrera de Almanza, perdió hace pocos días su formidable bóveda gótica, derrumbada por el paso de los años y el olvido absoluto en el que se encontraba este lugar, antaño muy concurrido por gentes de todo el valle del Cea.

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En su libro La ermita y hospital de Santa Catalina en Tierra de Almanza, el investigador Ramón Gutiérrez comprobó las inscripciones presentes en estas formidables ruinas y otros datos para concluir que fue una ermita «construida, en parte, en el siglo XVI, con una ampliación realizada a comienzos del XVII que sustituía a otra más antigua, probablemente de los tiempos de la repoblación, de los siglos X y XI», descubriendo, además, que que contó con un importante hospital de peregrinos y que fue epicentro de una concurrida romería comarcal desvanecida en los años treinta del pasado siglo. Su solidez es tal que hace doce años incluso se valoró su traslado al campus de Vegazana, y las negociaciones entre el Obispado y la Universidad estaban bastante avanzadas. Pero el proceso se truncó y ahora, los sólidos nervios yacen en el suelo. Desde la Diócesis, al menos, se intentarán recuperar esas piedras para usos posteriores.