Un militar leonés a la caza de Drácula
El escritor Rubén García Robles publica ‘La sombra que amó Bram’, donde sigue los pasos por el Londres victoriano al creador de la gran novela de terror.
El escritor y militar leonés Rubén García Robles y la portada de su novela, ‘La sombra que amó Bram’. CABALAR
Rubén García Robles conoció a Hellen Mills, una buscadora de libros raros, cuando presentó en Londres Operación Fuego Mágico, la novela en la que relata un ficticio atentado en León contra Franco el día de la despedida de la Legión Cóndor. Meses antes le había escrito a su sobrino un cuento de misterio y, al leerle el relato, pensó «en los mecanismos del miedo y en cómo se construye una novela de terror». Decidió entonces leer Drácula. Desde un principio, le llamó la atención que Bram Stoker dedicara el libro «a mi querido Hommy Beg». No tardó en descubrir que este enigmático personaje, al que llamaba así cariñosamente su abuela, era el escritor Thomas Hall Caine, uno de los más célebres de su época —el primero en vender un millón de ejemplares—.
La apasionante relación entre los dos autores británicos y el Londres victoriano acabaron por atrapar a García Robles. El resultado es La sombra que amó Bram (Editorial Eolas), donde el autor de Drácula y Hall Caine buscan por Whitechapel, el principal escenario de los crímenes de Jack el Destripador, unas comprometedoras cartas de ‘amor prohibido’. De lo contrario, temen que Hall Caine corra la misma suerte que Oscar Wilde, condenado por sodomía en 1895 por su relación con el hijo del marqués de Queensberry.
Aunque Stoker le contó a su hijo que la idea de escribir Drácula se le ocurrió tras comer un indigesto centollo, lo cierto es que la novela se entreteje con historias que Hall Caine le contó de su infancia en la Isla de Man y las que le escuchó a su abuela del folclore irlandés, en especial la del rey Abartach, además del cuento Varney el vampiro.
García Robles despiezó «la vida de Stoker como si fuera Jack el Destripador». «Bebí como Drácula hasta la última palabra de su novela, buscando en su vida cada pequeño detalle, estableciendo conexiones, tratando de saber de dónde venía cada cosa», explica.
El espía húngaro
Al final, por La sombra que amó Bram desfilan, además de la relación sentimental de Stoker y Hommy Beg, el nacionalismo irlándés, los fenians —germen del IRA—, el Londres aterrador de Whitechapel, una sociedad llena de desigualdades, la prostitución, el asesinato de mujeres o la homofobia. En un capítulo aparece también Armin Vambery, profesor, viajero y espía húngaro, «que le da las claves a Stoker para entender el personaje histórico de Vlad Tepes, conocido como Vlad el Empalador, príncipe de Valaquia, en quien está inspirado el conde Drácula».
Al igual que Drácula es, entre otras muchas cosas, una novela sobre la escritura de un libro, La sombra de Bram tiene tras de sí la historia de una singular investigación. A través de un plano de 1890 del armador Charles Booth, que mediante un código de colores describe quiénes habitaban cada casa, el escritor leonés pudo reconstruir el Whitechapel de la época de Stoker. «Un barrio donde los judíos socialistas alemanes se mezclaban con los revolucionarios de la Comuna de París y donde uno se podía encontrar a Karl Marx escribiendo El capital en una casa pagada por Engels, un barrio revolucionario a punto de estallar por los aires, motivo por el que los asesinatos de Jack el Destripador se produjeron en esta parte de la ciudad», cuenta el autor.
García Robles, actualmente destinado en misión militar en Bangui (la capital de la República Centroafricana) ha sido fiel hasta en los personajes que decoran las escenas, con el mendigo Billy Water, que se ganaba la vida tocando el violín por las tabernas, o el terrier Tiny Wonder, famoso en Londres en las peleas con ratas.
En el Centro Cultural de Canadá, en Shelton Street, tras presentar su primera novela, García Robles conoció a Hellen Mills, buscadora de libros raros para las librerías Waterstones y Hatchards. Ella le condujo hacia los libros que inspiraron a Stoker. El leonés Luis Mielgo, profesor de la Universidad de Birkbeck, le abrió las puertas de la exclusiva biblioteca del Ateneo. También agradece el apoyo del médico y escritor Luis Salvador López Herrero, que le asesoró sobre el perfil psicótico de algunos personajes que aparecen en la novela.