León

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Fotógrafo de formación y de espíritu, Jesús Fernández Salvadores lleva más de 20 años perdido y encontrado en el periodismo gráfico a pie de calle. Nacido en la población leonesa de Benavides de Órbigo en 1975, trabaja silenciosa y metódicamente con su lente, sumándose a diario a las historias en las que se ve envuelto con una mirada que convierte cada una de sus imágenes en documentos extraordinarios. Como ocurrió en 2011, cuando desarrolló un excepcional ensayo sobre la crisis de la minería del carbón que le valió uno de sus últimos reconocimientos profesionales. O en 2003, cuando Médicos del Mundo premió una impactante fotografía sobre la revolución zapatista en Chiapas. Y, sin ir tan lejos, el pasado año, momento en el que retrató el infierno de los incendios forestales que devastaron la comarca de la Cabrera desde una perspectiva que invita a plantearse lo efímero de la condición humana y que ha sido considerada por el jurado del Premio Mingote como mejor imagen de 2017. Con avales y currículum más que suficientes, Jesús Fernández Salvadores compagina su trabajo como fotógrafo en el Diario de León desde 1998 con otros proyectos personales de largo recorrido. Es el caso de Peregrinos del siglo XXI, iniciado en el año 2002 y en el que se recopila el espíritu de las peregrinaciones multitudinarias a ‘lugares sagrados’, ya sean campos de fútbol, el Vaticano o la concentración del Orgullo Gay en Madrid. Paralelamente, desde hace 18 años Fernández Salvadores inmortaliza las últimas comunidades ‘hippies’ que aún se mantienen vivas en la época de la postverdad.

Su trabajo ha sido presentado en exposiciones de diferente carácter, entre ellas la que triunfó con enorme éxito en el Festival Internacional de Fotoperiodismo ‘Visa por L’Image’ en Perpignan. Eso es lo que tiene realmente Fernández Salvadores, una mirada eterna hacia lo humano; fotografías que en el fondo son su forma de vida desde que inició ese viaje al manejo de la luz, el color y el revelado en la Escuela de Artes de León cuando solo era un chaval.

Pero más allá de toda la técnica y formación académica hay una profesión aprendida en la calle. Sencillo, mente creativa, tenaz, de presencia discreta, alérgico a las normas, firme pero inquieto, amigo de deambular con prisas pero también de esperar el momento adecuado para disparar el clic de la cámara. Aunque de aspecto menudo, nadie duda de la estatura de esas instantáneas que apresan la vida y que dan coherencia a la trayectoria de Fernández Salvadores; fotografía construida a base de compromiso con el trabajo. Gusto, fineza y humildad compactados en un talento inmune al provincianismo.

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