PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO

El sol que brotó entre la niebla

Hallan un nuevo petroglifo en el alto valle de Arbas. Está cerca de la zona donde en los años 70 una pista destruyó una docena de ellos

Vista del petroglifo, círculo o semicírculo del que salen rayos. ESPERANZA MARTÍN

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E. GANCEDO | LEÓN
León

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Entre las muchas teorías urdidas con objeto de explicar las posibles utilidades que tenían los petroglifos para nuestros antepasados de hace cosa de 5.000 años, una de ellas se le ‘reveló’ a la arqueóloga Esperanza Martín de forma inesperada... y providencial. Esta especialista asturiana, conocida sobre todo por sus trabajos de excavación en el área de la vía La Carisa, se encontraba en esa zona, en los límites municipales de Villamanín y Lena, cuando la niebla cayó sobre ella. «Estábamos casi completamente perdidos cuando vimos una gran piedra en el suelo y, al fijarnos un poco más, observamos que contenía un petroglifo con forma de sol», cuenta, e inmediatamente le vino a la mente la teoría según la cual esas rocas grabadas con enigmáticas inscripciones, laberintos y dibujos bien podrían haber servido de ‘hitos’ o avisos con destino al viajero.

Una «casualidad» que le sirvió para documentar este nuevo petroglifo —muy cercano a la ‘raya’, pero en territorio leonés—, y hallazgo que viene a abundar en la tremenda riqueza arqueológica de la Montaña Central leonesa y asturiana. De hecho, este soliforme, junto al que se encontraba una posible estela caída, está al lado («justo donde termina la última fortificación») del gran campamento romano en el que Martín lleva años trabajando y que no cesa de proporcionar sorpresas. Este pasado mes de agosto, sin ir más lejos, se informó de la existencia de un nuevo yacimiento, situado aproximadamente unos 50 metros más arriba del ya bien conocido de L.lagüezos.

El nuevo petroglifo no se encuentra lejos, además, de la estación arqueológica ubicada cerca del pueblo leonés de Pendilla, donde en los años setenta del siglo pasado dos expertos encontraron, fotografiaron y analizaron nada menos que 17 rocas grabadas con gran variedad de representaciones pero que fue destruida casi en su totalidad por la ampliación de una pista para usos mineros y ganaderos, como dio a conocer Diario de León en septiembre, revelando además, poco después, que cuatro de esas rocas seguían intactas. Por desgracia, algunos de los grabados más singulares, como un antropomorfo que recordaba, según los autores de aquel estudio, a las llamadas ‘estelas de guerrero’, se han perdido para siempre. Además, en su documentado artículo en la revista Nailos, hablaban de cómo existen más piezas de ese tipo en la vertiente asturiana.

«Este que hemos localizado está sobre las antiguas vías de paso de la cordillera, y yo creo que da muy clara muestra de lo intenso de la presencia humana en la zona desde épocas muy antiguas», dice Esperanza Martín, quien agradece el apoyo del Ayuntamiento de Villamanín, de la Diputación y la Junta a la hora de llevar a cabo el hallazgo.

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