Indignación en Rusia por un film norteamericano sobre un submarino
Con titulares periodísticos escandalizados porque «el enemigo está a las puertas de casa», Rusia se ha sentido ofendida por la película norteamericana K-19, The Widowmaker sobre el primer submarino nuclear estratégico de la URSS. Más conocido popularmente como Hiroshima por su larga lista de desgracias y por haber estado al borde de una tragedia nuclear, el K-19 fue el primer submarino atómico soviético armado con misiles. Producida por National Geographic en su primera incursión en un largometraje completo no documental, la película reconstruye más o menos bien, según de qué lado se esté, un episodio poco conocido de la Guerra Fría que casi terminó en un cataclismo como Chernóbil. Durante la construcción del submarino murieron varios obreros, en la botadura no se rompió la tradicional botella de champán, señal de mala suerte, y su primera misión se adelantó para no quedar detrás militarmente de Estados Unidos. Pero en el viaje falló el sistema de refrigeración del reactor y la temperatura subió a más de mil grados, con peligro extremo de un cataclismo nuclear que se evitó gracias al sacrificio de los nueve tripulantes que se sometieron a radiaciones brutales. Tras la operación de improvisar un circuito refrigerante, sólo uno de los héroes sobrevivió, con quemaduras brutales, y narró la peripecia en 1991, al desintegrarse la URSS. El K-19 fue reparado en lugar de ser desguazado y todavía tuvo otros dos accidentes: una colisión con un submarino norteamericano en el año 1969 y un incendio en 1972 en el que murieron 28 hombres.