Diario de León
Un momento de la actuación de la Orquesta de Castilla y León, ayer en el Auditorio

Un momento de la actuación de la Orquesta de Castilla y León, ayer en el Auditorio

Publicado por
Miguel Ángel Nepomuceno - LEÓN.
León

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La Orquesta de Castilla y León se presentó ayer en el Auditorio «Ciudad de León» de la mano del director invitado Salvador Mas para ofrecer un denso y variado concierto en el que tres de los compositores más emblemáticos del gran repertorio como Brahms, Chopin y Schuman, fueron traducidos con rigor, pulcritud y estilo. Las lecturas que de cada una de las obras hizo el director invitado de la Sinfónica comunitaria fueron correctas y en algunos momentos brillantes, aportando una visión muy personal en la segunda sinfonía de Schuman, de una gran belleza melódica de la que realizó un poderoso Allegro, solemne, con especial énfasis en el viento metal que rezumó dulzura y delicadeza en la exposición. Todo el dolor y el patetismo que emana de su Adagio lo transformó Salvador Mas en sensibilidad cromática, dibujando la tierna melodía con todos los tintes del dolor y la melancolía. La cuerda jugó un importante papel en todo este movimiento, especialmente los violines que fueron coloreados por la dulce tranquilidad que le otorgó el oboe con el que concluyó este magnífico adagio. El Finale lo sirvió Mas con toda la acentuación rítmica que exige la partitura, enérgico, atento y dando a cada sección la oportunidad de frasear con elegancia y afinación. Las Variaciones sobre un tema de Haydn de Brahms con las que se abrió el concierto no tuvieron en absoluto ni la expresividad ni el color que requiere la partitura. La séptima sección es un modelo de técnica contrapuntística, pero en la lectura de Mas resultó sin ninguna fuerza ni carisma. El Concierto para piano nº2 de Chopin, tuvo una excelente solista en Eva Poblocka quien dotó a su lectura de un gran dramatismo, fuerza y poesía, combinando los diferentes estados anímicos que el autor refleja en la obra con perfecto equilibrio y sensibilidad. Empleo generoso del pedal, piano fastuoso y ardiente apoyado en un virtuosismo deslumbrante fueron las premisas en las que se desenvolvió Ewa Poblocka, una pianista de grandes densidades cromáticas y sutiles pinceladas expresivas. Hizo del Larghetto lo mejor de su intervención con una cadencia intimista que enfatizó aún más los delicados arabescos y la pulcra línea de canto. La Orquesta de Castilla y León se expresó con naturalidad en la cuerda grave mientras la madera se imbricaba perfectamente sobre la deslumbrante vehemencia del piano. El Allegro vivace adquirió un carácter más dramático sin perder la elegancia de la perfección. Los temas folklóricos se introdujeron con levedad, mientras el vals se iba transformando en mazurca que el piano daba tintes scherzados a la par que los violines, vigorosos col legno junto abrían las ornamentaciones que el piano, a una señal de las trompas, respondió con una cadencia final de dobles trinos en una suerte de allegro vivace con la que finalizó este soberbio concierto servido por solista y orquesta de forma subyugante y hermosa. La Orquesta dejó claro que cuando prepara a fondo las obras y tienen en el podio al director adecuado funciona con absoluta confianza y solvencia. Un grato y brillante concierto.

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