Diario de León

Lírica suma de apegos de Sol Gómez Arteaga

La autora de Valderas presenta ‘Tiempos de vilano’ el domingo en Gordonzello

Foto de cubierta por Liébana. DL

Foto de cubierta por Liébana. DL

Pacho Rodríguez
León

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El número 16 de Poéticas del desencuentro, de Marciano Sonoro incorpora el primer poemario de Sol Gómez Arteaga, titulado Tiempos de vilano , libro prologado por Francisco Javier Gallego Dueñas. Gómez Arteaga es una autora con referencia también en la colección de narrativa de la editorial con dos obras: El vuelo de Martín (2019) y Trazos de sombra (2021). En esta ocasión, su incursión en el universo poético adentra en el fugaz paso del tiempo y en las huellas que van quedando indelebles. La delicada mirada al mundo, que ya se dejaba intuir en sus obra anteriores, cobra ahora una dimensión muy especial y cercana al lector. El libro cuenta en su cubierta con una sugerente fotografía de la artista leonesa Julia G. Liébana.

La presentación tendrá lugar en Gordoncillo, en las Bodegas Gordonzello, el próximo Domingo 20 de agosto a las 20.00 horas, acompañando a la autora Isamil9, Nacho Diez Santos, Lucía Marcos Gómez, Vega Morala Fernández y Marcelo Tettamanti.

Vilano es la pelusilla que rodea la semilla de muchas plantas compuestas y facilita su dispersión. « Tiempo de vilano está hecho así de la suma de apegos, apegos a mis padres, a mis orígenes, a la niña que fui, a la tierra que me vio nacer y esa otra, plagada de bosques, de la que soy huésped. Tiempo de vilano está plagado de gotas de lluvia que ha sido necesario que cayeran como condición de la escritura y su conjuro. Pertenece a un tiempo de dolor y pérdida, de reconocimiento de que aquello que se va siempre queda», explica la autora.

En palabras del prologuista y poeta de Cádiz, Javier Gallego Dueñas, el libro es «una colección de poemas en la que se ahonda en la identidad y la memoria, donde se destacan los más esenciales recuerdos que marcan a lo largo del paso de los años. Así, por ejemplo, escribe: Hasta donde me llegan los recuerdos siempre fui una niña ensimismada en la luz . Parte de las emociones más básicas y las sensaciones primordiales ( confieso que me quedo con la lluvia ) con un juego que, sin llegar a la sinestesia propiamente dicha, aprovecha las resonancias de los instantes, de las palabras, para recrear las atmósferas de la niñez y de los paisajes. Tiempo de vilano es un canto a la nostalgia, una elegía por lo perdido, un ejercicio de autoconocimiento y de homenaje a quienes han estado más cerca y han dado todo, no solo la vida».

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