Diario de León

Duelo fantasmagórico entre Luis Mateo Díez y Carlos Fidalgo

El Festival Quimeras propone hoy un encuentro entre los dos escritores leoneses

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Verónica Viñas
León

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Luis Mateo Díez ha conocido a gente rara en sus sueños. Seres que se mueven por los paisajes desolados de sus Ciudades de Sombra. Almas errantes que viven ese tránsito entre lo racional e irracional que todos los humanos experimentamos en los sueños. Los fantasmas se le aparecen a Carlos Fidalgo en sus libros.

Ambos escritores mantendrán hoy, a las 19.30 horas, un duelo fantasmagórico. Será en el Palacio del Conde Luna, dentro de la programación de Quimeras, el Festival Internacional de Ficción Insólita. El encuentro, moderado Ángeles Encinar y Natalia Álvarez Méndez, se titula Entre fantasmagorías y fantasmas.

Confiesa Fidalgo, periodista de Diario de León y autor de novelas como El agujero de Helmand o El baile del fuego , que la culpa de su inclinación por las sombras, los fantasmas y lo insólito la tienen Juan Rulfo y su Pedro Páramo y Julio Llamazares y su Lluvia amarilla .

Luis Mateo y Fidalgo hablarán también de Los dedos del diablo, que llega a las librerías el día 30, y es una colección de relatos encadenados que van formando una novela sobre los oscuros orígenes del rock a partir de una leyenda muy popular del blues. «La noche en que Robert Johnson, el abuelo del rock, fue a buscar al diablo a medianoche en un cruce de caminos y le pidió que le enseñara a tocar la guitarra. El libro juega con esta idea para narrar el surgimiento del rock a partir de la música negra, el blues, el gospel, el jazz y el rythm and blues, desde la irrupción de Elvis Presley a la muerte de Jim Morrison y la noche en la que Jimi Hendrix quemó su guitarra (menuda invocación al diablo) en el escenario del Festival de Monterrey», desvela el autor de La sombra blanca.

El académico leonés Luis Mateo Díez también es deudor de Rulfo, así como de Chéjov, Goncharov y Bulgákov, por eso sus Ciudades de Sombra tienen la atmósfera misteriosa de las leyendas oscuras y es posible, como sucede en Fantasmas del invierno, que venga el Diablo, los lobos bajen de los montes o un niño sea asesinado en el hospicio. Los fantasmas son personajes recurrentes en las novelas de Fidalgo, donde siempre aparece algún elemento insólito, algo que no encaja con el escenario realista donde se mueven los protagonistas de sus historias y que lo resquebraja. Que hace dudar al lector.

Las historias más increíbles pueden suceder entre la niebla y la negrura de una de esas ciudades desoladas del universo de Mateo Díez. Atmósferas que serían opresivas sin el disolvente del humor. Lugares con un tiempo simbólico en los que el escritor lacianiego ha colado ese tiempo de desgracias que fue la posguerra.

Luis Mateo Díez no tiene que buscar tramas para nuevas novelas. Tras crear ese ‘Macondo’ particular llamado Celama, sus personajes están en una suerte de lista de espera; y, de vez en cuando, le susurran al escritor: «¿Cuándo cuentas lo mío?».

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