Patrimonio exige mantener el viejo mortero de la iglesia del Mercado
Considera que es «un vestigio testimonial inherente a una fase constructiva»

La iglesia del Mercado recubierta de andamios y una lona. RAMIRO
Dos meses después de que comenzara la restauración de la iglesia del Mercado, la Comisión Territorial de Patrimonio de León, reunida ayer en la localidad de Mansilla de las Mulas, autorizó la restauración y limpieza de las fachadas del templo ubicado en la Plaza del Grano. Patrimonio exige que se mantenga el mortero de recubrimiento del muro sur, ya que se considera un «vestigio testimonial inherente a una fase constructiva», según quedó de manifiesto en el encuentro. Además la limpieza deberá hacerse de forma manual. La rehabilitación se centrará en las fachadas norte y sur, ambas románticas y las más antiguas de la iglesia, además de los absidiales. En principio, no tocarán la fachada principal (del siglo XVII) ni el camarín (del XVIII). Los trabajos, adjudicados a la empresa Decolesa, están financiados por la Junta. En total, 150.000 euros.
La erosiones que sufre la piedra son perfectamente visibles. La polémica reparación de la plaza del Grano incrementó las humedades en el templo medieval, declarado Monumento Nacional en 1973. El párroco del Mercado, Manuel Fláker, encargó un informe al arquitecto Mateo Llorente y lo envió a la Junta, que acabó admitiendo la urgencia de las obras.
La iglesia del Mercado fue erigida por el célebre arquitecto Pedro Deustamben, conocido también como Pedro de Dios, que diseñó al mismo tiempo la primera fase de la colegiata de San Isidoro. Del edificio, que tiene una curiosa forma de sepulcro, se sabe que la torre es obra de Felipe de Cajiga (1598) y que fue rematada por Fernando de Compostiza. Un incendió destruyó en 1464 la primitiva iglesia, de estilo gótico, erigida nuevamente en 1762 por el arquitecto García Pumarino con una sobria traza clasicista. La mayor rehabilitación que ha visto el templo en los últimos años fue cuando en 2008 ‘volvieron a la vida’ las pinturas barrocas de la sacristía, deterioradas y casi desaparecidas por el paso del tiempo. Los frescos del camarín salían a la luz tras años de oscuridad, bajo el polvo y la suciedad.