El rey leonés que abrió el mayor tesoro de Asturias
La iconografía del Arca Santa de Oviedo, abierta hace 950 años por Alfonso VI, guarda relación con las pinturas de San Isidoro
Otilia Requejo, Juan José Tuñón y Miguel Calleja junto al Arca Santa.
La Catedral de Oviedo no quiere que pase desapercibido el mayor hito de su historia. Los 950 años de la visita del rey leonés Alfonso VI a la capital asturiana para abrir el Arca Santa. El hecho está probado en un documento que custodia la propia Catedral y que ayer mostró a los medios de comunicación. En el año 614 el rey persa Cosroes II invadió Jerusalén y los cristianos huyeron de la ciudad llevándose un arca con reliquias. El arca —en un agitado viaje similar al que sostiene la historiadora Margarita Torres para justificar que el cáliz de Doña Urraca es el Santo Grial— pasó también por Egipto y acabó después en Cartagena. Más tarde fue transportada hasta Sevilla, durante la época en la que san Isidoro fue obispo de la ciudad. Tras la muerte del santo, el arca se trasladó a Toledo, principal ciudad de la Iglesia visigoda, y allí permaneció hasta que en el año 711 los musulmanes invadieron la Península. Los cristianos para poner a salvo el arca con las reliquias huyeron con ella hacia el norte. Según la tradición, permaneció oculta en el monte Monsacro hasta que el rey Alfonso II El Casto decidió su traslado a Oviedo.
La primera relación de reliquias que se conoce fue redactada en el año 1075, con motivo de la apertura del arca el día 13 de marzo en presencia del rey Alfonso VI y su hermana Urraca, varios obispos y nobles. Según la leyenda, entre el séquito se encontraría el mismísimo Rodrigo Díaz de Vivar ‘El Cid’. Al monarca leonés le impresionó tanto el arca que mandó revestirla con láminas de plata, convirtiéndose en una de las principales piezas de la orfebrería románica española. Actualmente, se encuentra en el centro del camarín de la Cámara Santa de Oviedo. Para conmemorar los 950 años de aquel episodio, el canónigo archivero de la Catedral, Juan José Muñoz, el profesor de Historia de la Universidad de Oviedo, Miguel Calleja, y la directora del Museo de la Iglesia, Otilia Requejo, mostraron ayer a los medios de comunicación el documento que narra cómo tuvo lugar el ritual de la apertura, quiénes asistieron y en el que se enumeran las 85 reliquias que contenía el Arca Santa. El pergamino está firmado, entre otros, por doña Urraca. Calleja explicó que entre las 85 reliquias no figuraba el Santo Sudario —el lienzo con el que cubrieron la cabeza de Cristo tras su muerte—, depositado en la Catedral, y que no todas se conservan, aunque hay un gran volumen de este «tesoro» de piezas. El Arca Santa fue sometida a la mayor restauración de su historia en 2017.
El Arca Santa y el Panteón Real
La historiadora leonesa Ángela Franco, en una investigación que llevó a cabo en el año 2009, defiende que existe una profunda relación entre el Arca Santa de la Catedral de Oviedo y las pinturas del Panteón Real de San Isidoro. En la primera está labrado el rey Alfonso II el Casto de rodillas ante el Cristo en Majestad, de la misma manera que Fernando I y Sancha aparecen postrados de hinojos en el episodio de la Crucifixión del Panteón Real. Subraya Franco que la figura del crucificado es idéntica en el arca y en las pinturas murales. Considera que Urraca, la patrocinadora del Panteón Real, bien pudo inspirarse en el programa iconográfico del arca, paralelo en los dos conjuntos.
En 2001, San Isidoro acogió una exposición sin precedentes, Tesoro sagrado y monarquía. Maravilla de la España Medieval, que entre otras joyas exhibió el tesoro de la Cámara Santa de Oviedo, entre fuertes medidas de vigilancia y un seguro por valor de 1.900 millones de las antiguas pesetas (unos once millones y medio de euros).