Diario de León

David Otero: "¿Cambiar mi vida actual por un Wizink? Ni de coña"

El colíder de El Canto Del Loco disfruta del éxito a baja intensidad llenando allá por dónde va. En León, en El Gran Café, también

David Otero repasa su carrera musical en solitario tras haber sido pieza fundamental de El Canto Del Loco.

David Otero repasa su carrera musical en solitario tras haber sido pieza fundamental de El Canto Del Loco.ANYTA MADRAZO

Pacho Rodríguez
León

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Para la pregunta sobre León no le hace falta una chuleta a mano y recurrir a los lugares comunes. David Otero, colíder de los desaparecidos El Canto Del Loco junto a su primo Dani Martín, sabe por dónde tirar cuando viene a la ciudad porque la ha recorrido y disfrutado. «He estado algunas veces tocando y otras cuantas más en León. En lo musical, me gusta por el público. En lo demás porque es una ciudad con muchos sitios para visitar. Lo histórico me interesa. Y desde que empecé he sido un músico turista. Mi plan, desde muy joven, con 20 años, siempre ha sido ver el casco histórico de las ciudades. León tiene uno de los que más me gustan», explica, algo que además corroborará por otras circunstancias vitales. A León llega hoy jueves a El Gran Café ya con los deberes hechos: entradas agotadas. Como los mismos objetivos de una carrera en la que pasó de estar en un grupo llenaestadios con fans desatadas persiguiéndoles por las calles a algo que considera mucho mejor: «Por ejemplo, un plan perfecto para mi es ir al cine con mi padre. Y, por supuesto, estar con mi mujer y mis hijos. Cuando el núcleo de los que te rodean están bien, esa es la verdad de la vida. A mi eso es lo que ahora me mueve», añade. Ya tenía pinta de sensato hombre tranquilo de aquella, así que ahora no ha hecho sino reafirmarse, además de mostrar la cercanía de quien prefiere la educación al titular estridente.

Esta presentación es suficiente como para ya saber que Otero no echa de menos los focos apabullantes ni los escenarios interminables. Supo reconducir su carrera, que no reinventarse, y aprovechar su bagaje y, seguro, administrar los rendimientos del éxito. «Uno no sabe lo que va hacer, sino lo que va haciendo. Cuando se disolvió El Canto Del Loco sí es verdad que me pregunté: ¿Y yo ahora qué puedo hacer, si sólo sé hacer esto? La verdad es que mi carrera se ha ido haciendo de acontecimientos circunstanciales. Bueno, de hecho yo entré en El Canto por casualidad. Luego empecé a hacer canciones y le gustaban a mi primo Dani y él hacía letras y así surgió todo», dice con naturalidad sobre lo que luego se convirtió en un fenómeno de masas.

Lo que le trae a León es un David Otero en plan delicatessen. Él y su guitarra, que es un instrumento que en su caso es mucho más que una herramienta de acompañamiento. Dedica mucho tiempo a estudiar, a investigar y trabajar sobre ideas en su estudio. «Cuando grabábamos yo era el primero que llegaba al estudio y el último que se iba. Tuve la suerte de conocer a muchos productores muy buenos y muy buena gente. Y me explicaban qué se estaba haciendo. Tenía mucha curiosidad», rememora. El otro ingrediente del concierto es su colección de canciones de ahora y de hace más de veinte años, en donde de las primeras a las últimas Otero ofrece su visión musical cercana al pop, aunque sea un auténtico fan del grunge o el metal de los años 90. «Voy sin trampa ni cartón. Con mis canciones y mi guitarra. Y está funcionando a tope desde el principio. La gente responde de una manera increíble. Casi estoy yo dando las gracias a esta gira, porque me permite algo que me gusta mucho: viajar a sitios», dice.

Hay una clave en todo esto que es la de recuperar la esencia del músico sin la intermediación del exceso de producción. «También es hacer de la necesidad virtud. Y está saliendo una gira preciosa. Es reconectar, llenar, y, también, sentirme yo realizado», comenta. Por eso, para alguien que vivió la vorágine de un grupo de éxito, esto de ahora le parece un regalo. Pero queda la duda, así dicho en bruto, si la cabra tira al monte y no hay ese deseo íntimo del éxito masivo, simplificado ahora mismo en España en llenar Wizink, toda una obsesión, aunque ya ni se llame así. «Eso está muy bien, pero ¿cambiar un Wizink por mi vida actual?, ni de coña», asegura con rotundidad. Y es que parece que David Otero, como gran viajero que es, prefiere saborear el trayecto. «Algo pasa con los años: menos distorsión y menos volumen». Ese es su paso.

En cómo se llevan las canciones de antes con las de ahora, tiene David Otero una conexión reveladora. «Una de mis últimas canciones se titula Capó. Y de alguna manera es referirse a esas primeras canciones que compuse. Porque cuando ya se iba acabando el día y yo seguía con la guitarra, no eran horas de hacer ruido en casa. Entonces, muchas, muchas veces, me bajaba a un Ford Scort que tenía y me iba a dar una vuelta yo solo. Me paraba en algún lugar y seguía componiendo. Era una experiencia, ahí yo solo, y no molestaba a mi familia», cuenta el músico madrileño tantos años después y con tantos cambios que, claro, por ejemplo, realiza esta entrevista en su estudio de grabación, un refugio y lugar adecuado para todos estos menesteres musicales.

Pero su relación con las canciones se mantiene en ese mismo nivel de querer componer lo mejor posible poniendo toda la carne en el asador y los medios técnicos, en donde siempre ha sido un alumno aventajado.

Antes de ese estudio-coche improvisado, la música le rondaba pero no de manera definitiva. Cuenta que por la profesión de su padre, piloto, viajó a muchos países. En Kenya recibió el primer aviso con la abundante música africana. Pero asegura que fue en Londres cuando unos músicos en la calle, un trío de jazz, le hicieron detenerse y meditar. «Yo tendría 15 años. Íbamos al cine. Pero me quedé clavado. Les dije a mis padres y mi hermana: id a ver la película que yo os espero aquí», relata. Así se fue metiendo en un papel de músico que luego iba a convertirse en personaje real. Cómo no, por edad, como tantos, quedó abudcido por el grunge. Aunque ya había prendido en él la música total.

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