Diario de León

LAS OBRAS 'CAMUFLADAS' EN LA JOYA RENACENTISTA

El CSIC descubre un ‘cambiazo’ en la fachada de San Marcos

En el siglo XVIII se le añadió un cuerpo a imitación del primitivo de estilo renacentista y el edificio sufrió una profunda modificación arquitectónica

Etapas constructivas de San Marcos: en azul, fachada erigida en el siglo XVI; en rojo, lo añadido en el siglo XVIII; y en verde, la cornisa del XIX.

Etapas constructivas de San Marcos: en azul, fachada erigida en el siglo XVI; en rojo, lo añadido en el siglo XVIII; y en verde, la cornisa del XIX.csic

Verónica Viñas
León

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San Marcos, joya del Renacimiento español, sufrió un gran ‘cambiazo’ en el siglo XVIII. A la fachada principal diseñada dos siglos antes se le adosó la portada y un nuevo cuerpo a imitación del plateresco. En el siglo XVI solo existía la fachada oriental (la más próxima a la iglesia). Originariamente no había balcones y paramentos rectangulares decorados con medallones sobre sus dinteles, sino arcos de medio punto. El último elemento construido en el siglo XVIII fue la peineta que remata la portada, que se eleva once metros sobre la cornisa. Otras estructuras atribuidas a la fábrica barroca, en realidad, son anteriores o posteriores. Una investigación ha descubierto la gran metamorfosis que experimentó uno de los primeros edificios en ser declarado Monumento Nacional (el 24 de septiembre de 1845), gracias a las excavaciones llevadas a cabo entre 2016 y 2020 —como consecuencia de la restauración del edificio— y a una lectura de los paramentos.

Pero no solo el inmueble fue sometido a una gran reforma en el siglo XVIII, sino que en el XIX se elevó la crestería 25 centímetros por la construcción de un tejado más inclinado; y en los años sesenta, para su conversión en parador, el arquitecto Fernando Moreno Barberá introdujo cambios muy severos bajo los principios del falso histórico. Y hasta en los años noventa las gárgolas se desplazaron y otras se rehicieron con mortero. El claustro dieciochesco, que prácticamente liquidó el medieval, fue uno de los elementos que padeció las ‘reformas’ más drásticas, aunque algunos elementos, como once arcos, se salvaron y recolocaron en la fachada. Estas son algunas de las conclusiones que los expertos Carmen Alonso-Fernández y Javier Jiménez-Echevarría, de la empresa Cronos S. C. Arqueología y Patrimonio, acaban de publicar en la revista del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC, tras el análisis constructivo de la portada de San Marcos. En el siglo XII ya existía en el mismo solar una iglesia y un hospital de la Magdalena. Según los datos del Libro de Visitas del Convento y otros documentos, en el siglo XV la iglesia era de cal y canto, de cabecera tripartita, ábsides abovedados y capilla mayor. A partir del siglo XVI las dependencias medievales fueron progresivamente sustituidas por nuevos edificios.

El estudio de la fachada forma parte de un extenso trabajo que ha permitido exhumar parte de la necrópolis y algunas dependencias de la época medieval, recuperadas en la recepción del parador. Fotografías antiguas, especialmente las de Jean Laurent y Pando Barrero y un dibujo que Pedro de Valladolid realizó de San Marcos a principios del siglo XVIII, han permitido «probar» las mutaciones de la fachada.

Los dos investigadores han secuenciado la construcción de San Marcos, cuya obra comenzó con la cimentación de la fábrica, de la mano del maestro Juan de Orozco, en 1515, conforme a las trazas diseñadas un año antes por Pedro de Larrea. La Orden de Santiago decidió el traslado de San Marcos a Extremadura en 1562, un exilio que duró cuarenta años.

Un siglo más tarde se decide prolongar la fachada del edificio, bajo la dirección de Martín de Suinaga. «Los trabajos no se limitaron a continuar con las obras en el punto en el que se habían dejado en el siglo XVI ni a replicar su diseño, también se hicieron modificaciones en lo ya construido», explican Alonso-Fernández y Jiménez-Echevarría. Su principal hallazgo ha sido la intervención en el siglo XVIII sobre el segundo piso de la fachada renacentista, que supuso «una profunda modificación arquitectónica». En el edificio original había rejerías en los ventanales, arrancadas dos siglos después.

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