«El éxito de las exposiciones de Mendieta y Weiwei ha superado todas las previsiones»
Llegó con la misión prioritaria de ‘enderezar’ las cifras del Musac y ha cumplido. El canario Álvaro Rodríguez Fominaya ha vuelto a llenar el museo con grandes artistas como Ana Mendieta o Ai Weiwei. Además está ‘rentabilizando’ la colección

El director del Musac, Álvaro Rodríguez Fominaya.
—¿Cómo define su gestión al frente del Musac?
—Durante los tres años que llevo al frente del museo el equipo ha dedicado tiempo a renovar las infraestructuras para poder afrontar mejor el futuro del museo. Hemos cambiado el sistema de iluminación, que estaba obsoleto; este mes estamos culminando la reparación del pavimento exterior, y ahora mismo se ha procedido al proceso de licitación del sistema de gestión del control climático. Son mejoras necesarias, y todo esto ha sido un empeño personal, para el que hemos contado el respaldo de la Junta de Castilla y León. Quien venga después se va a encontrar con un museo en las mejores condiciones posibles. También he reordenado los espacios del museo, con la reapertura de la sala 6, el espacio más singular del Musac, y la apertura del laboratorio de educación, con diseño de Estudio Animal, que ha supuesto una mejora cualitativa de los espacios que dedicamos a educación. Hemos vuelto a releer la historia del arte en España en los años 80 y 90, y recuperado los proyectos en profundidad de calado internacional, que hacía tiempo que no se habían visto en León. Por último, he apostado por la colección del Musac como la principal seña de identidad de la institución, exhibiendo la colección de forma permanente con presentaciones anuales. Creo fundamental exponer de forma estable los fondos del museo, ya que la colección es quienes somos nosotros, y no somos un museo con un modelo de Kunstverein exclusivamente.
—¿Qué balance hace de los 20 años de historia del museo?
—El Musac es todavía un museo joven. Cada etapa, con cada director al frente ha sumado mucho para llegar hasta el momento actual, no hubiera sido posible sin la enorme aportación de todas las partes implicadas. Este es un momento de reflexión, pero sobre todo de impulso.
—Usted ha apostado por artistas de tirón como Ana Mendieta, Ai Weiwei y, en unos meses, Yoko Ono... ¿qué otras sorpresas tiene previstas?
—El éxito de las exposiciones de Ana Mendieta y Ai Weiwei ha superado todas las previsiones que teníamos. Esto no tiene solamente que ver con el hecho de que sean grandes referentes de la historia del arte, sino fundamentalmente con que son proyectos de envergadura como podemos ver en muy pocos museos. Por ejemplo, la Tate prepara para el año que viene una gran muestra de Ana Mendieta, pero antes la hemos tenido aquí, en León, y han pedido nuestra ayuda para transmitir el conocimiento que adquirimos durante el proyecto. Son exposiciones que sitúan a la institución en el panorama internacional y que se convierten en objeto de estudio. Vamos a continuar con un proyecto anual de calado internacional que cumpla estos objetivos.
—¿A un director de un museo se le juzga solo por los resultados, es decir, por las cifras de visitantes?
—Los resultados no son solamente las cifras de visitantes: la recepción crítica, las publicaciones realizadas o facilitar el acceso a sus colecciones son otros aspectos igualmente relevantes. Pero dicho esto, el número de visitantes que vienen al museo es un reflejo del interés que genera.
—¿A quién le gustaría traer al museo?
—La gestión de cómo traemos artistas del calado de Ai Weiwei o Yoko Ono hasta León tiene mucho que ver con la diplomacia cultural. A veces es necesaria la discreción para poder llevar a buen puerto los proyectos.
—¿Qué le falta a la colección del Musac o qué le sobra?
—La colección es un acervo material como hay pocos en España. Tiene una concentración de obras de principios de los 2000 extraordinaria. Ahora mismo no estamos pensando en incorporar nuevas obras de arte en clave de lo que le falta, ya que tendríamos una lista inabordable, sino pensando en qué adquisiciones contribuirían a reforzar la identidad de la colección, y sobre todo su singularidad.
—¿Ha sido beneficioso o perjudicial el hecho de que el museo haya tenido cinco directores y cinco formas de ver el museo en solo 20 años?
—Lo importante para un museo, como toda institución, es la estabilidad, y eso incluye a la dirección del mismo; el museo se beneficia de tener una dirección estable. Para generar proyectos lo ideal es pensar con tres o cuatro años de antelación, y eso no es posible si el museo está sometido a un constante proceso de cambio. Los grandes museos son un espejo en el que poder observar muchas buenas prácticas, y en ellos vemos cómo las direcciones realizan proyectos a 10, 15 o 20 años. Esto favorece que se puedan construir redes estables y alianzas internacionales, que de otra forma son impensables.