Ángela Vicario: «Isabel la Católica odiaba los toros por ser cosa de árabes»

La escritora y medievalista Ángela Vicario.javier ocaña

León

Creado:

Actualizado:

Su nombre evoca a un personaje de Gabriel García Márquez. La escritora y medievalista Ángela Vicario (Bilbao, 1977) acaba de publicar Ibéricas, un libro que recorre las vidas y hazañas de quince reinas, prostitutas, religiosas, artesanas y escritoras que moldearon la Edad Media, entre las que figuran tres leonesas: Urraca de León, Urraca de Zamora y Elvira de Toro.

—¿Cómo eligió a las quince protagonistas del libro?

—Me parecieron muy representativas de su época y del tema que trata cada capítulo, sobre reinas, condesas, campesinas, prostitutas, filósofas... Busqué las que englobaban la personalidad o la forma de vida de cada grupo.

—Hay tres leonesas.

—Sí, porque León fue durante mucho tiempo el reino cristiano más importante de la Península Ibérica. Casi todas se llamaban Urraca, que era el nombre propio de las mujeres de la familia real leonesa. Elegí a Urraca de Zamora, Elvira de Toro y Urraca de León.

—¿Cuál es su favorita?

—Urraca de Zamora, porque me parece muy potente que una mujer en aquel momento no se casara, que se dedicara por completo, igual que su hermana, a cuidar el patrimonio de su familia, a mantener el infantazgo, ese poder sobre los monasterios para que todos siguieran perteneciendo a la familia real. Y también por su gran defensa en el cerco de Zamora.

—¿Y del resto?

—Wallada es una de mis preferidas, porque fue la gran poetisa de su momento; les daba mis vueltas a los poetas andalusíes y les ganaba en auténticas batallas de gallos medievales. Perteneciendo a la cultura musulmana, que la gente supiera perfectamente quiénes eran sus amantes y sus pensamientos y sentimientos, porque los hacía públicos, era totalmente rompedor y revolucionario.

—¿Ha encontrado alguna sorpresa o ya las conocías a todas?

—Me he encontrado grandes sorpresas, porque algunas sí que las conocía por estudios anteriores y por haberme dedicado a esto, pero las que son más anónimas, las prostitutas, las campesinas, las mujeres de las que hablo, que sufrieron malos tratos y fueron ayudadas incluso por reinas a salir de aquella situación, eso sí me ha sorprendido. Hay cantidad de información sobre ellas. Pensaba que me iba a costar mucho más encontrarlas y no ha sido así.

—¿Cambiaron la Historia?

—Pues sí, porque aunque a finales de la Edad Media las mujeres perdieran derechos, estoy convencida de que parte de ellas ha quedado en la forma de ser de las mujeres de la Península. Lo veo muchísimo en el norte, donde el machismo y el patriarcado existe, pero la fuerza de las mujeres, sobre todo de las vascas, me recuerda mucho, por ejemplo, a aquellas mujeres cabezas de linaje vasco a finales de la Edad Media. Aunque sus nombres hayan estado borrados, cualquier granito de arena en la historia al final se queda en nosotros.

—¿Habrá segunda parte?

—Esta historia acaba de empezar. Siempre he estado interesada en la historia medieval con perspectiva de género, pero esta ha sido la oportunidad de investigar más a fondo y han quedado muchas en el tintero. Mi intención es seguir investigando y seguir dando voz a todas esas mujeres anónimas que al final somos la mayoría de nosotras.

—Algunas tuvieron un poder en la sombra y lo ejercieron....

—Por supuesto, es lo que se llama política blanda. Aunque ni reinas ni campesinas tuvieran un poder legal, los maridos se tomaban muy en serio el consejo de sus esposas; excepto, si el matrimonio no se llevaba bien, como Urraca de León y Alfonso el Batallador, que generaron una guerra. El matrimonio no era una unión de dos personas por amor, sino un contrato, un negocio.

—¿Qué es lo más llamativo que descubrió de ellas?

—Isabel la Católica fue un reto, porque es una figura muy conocida y muy admirada. Tuve que investigar mucho para ver verdaderamente cómo era. Algo que no aparece en el libro, pero sí me llamó la atención, es que a Isabel la Católica no le gustaban las corridas de toros, porque decía que eran cosa de árabes y de musulmanes. Me hace mucha gracia que en muchos entornos se considere a Isabel la Católica un icono de reina española y que, sin embargo, ella despreciara las corridas de toros, que son la identidad nacional de nuestro país en ciertos sectores muy ligados al toreo.

—¿Y de las leonesas?

—El infantazgo es una cosa netamente leonesa.

—¿Eran mujeres muy empoderadas?

—Sí, porque en el siglo XI la frontera con el mundo musulmán estaba bastante caliente, así que tanto hombres como mujeres tenían que ser gente muy fuerte y de carácter para llevar a cabo sus proposiciones. En el momento en el que viven Urraca y Elvira está entrando en la península la Orden de Cluny, que pretende que los laicos no puedan ser propietarios de monasterios; eso, para ellas, era un marrón, porque, como hijas de reyes, eran propietarias de muchos monasterios. Tuvieron que luchar contra la Orden de Cluny, que entraba como un tanque gigante en el reino leonés, para que no les quitaran sus derechos. Creo que toda esa fuerza la heredaron de su madre Sancha, que pasa un poco desapercibida, pero realmente era la heredera al trono leonés y no consorte. Ella fue la que dio forma al infantazgo.

—¿Ha encontrado grandes diferencias entre las cristianas y las musulmanas?

—Sí, son dos culturas muy distintas. Las musulmanas, sobre todo las de alta alcurnia, estaban más confinadas en el hogar, porque existía esa moral de protección, de ocultar a la vista, que sigue existiendo hoy en cierta manera. Las cristianas, en ese sentido, eran bastante más visibles. Lo que me fascina es la capacidad de las mujeres en una y otra cultura para encontrar los resquicios de libertad y volverse visibles y poderosas.

—Si estaban invisibilizadas, ¿cómo hay tanta información?

—La clave está en buscar fuentes que no sean crónicas, porque la crónica es un documento político y propagandístico, encargado por un rey, y el cronista borra lo que no le apetece decir y probablemente tenía una misoginia interiorizada que hacía que eliminara a las mujeres del discurso. En los archivos no se borra nada. Cuando alguien hace una denuncia, aparece el nombre propio de la persona. Muestran muchísimos datos que la crónica no te muestra. Y luego, por supuesto, el registro arqueológico. Los huesitos están ahí.

—¿Son más fiables las fuentes musulmanas?

Cargando contenidos...

—Las fuentes musulmanas es verdad que en aquellos momentos de los primeros reinos cristianos son más completas, aunque los nombres propios de las mujeres brillan por su ausencia. Las nombran como hija de o madre de.