PATRIMONIO EN EL SUBSUELO
Vuelven a la vida los altos hornos de la Ferrería de San Blas
Una excavación arqueológica descubre cómo era la gran siderúrgica de Sabero a mediados del siglo XIX

Vista panorámica de las excavaciones en la ferrería de San Blas.
El ritmo es frenético. Se acaba de romper la piquera y la colada sale a borbotones. El horno alto se sangra cada doce horas y no hay tiempo que perder. Los ferrones están atentos a este fluido incandescente que va ocupando los canales de arena excavados en el suelo y retiran la escoria que flota sobre él. El calor es asfixiante y una neblina de humo y vapor comienza a llenar la gran nave que se levanta a los pies del segundo horno alto de la Ferrería de San Blas. Decenas de obreros se afanan para que todo salga bien en este enorme patio que acoge la zona de fundición de la nueva industria levantada en Sabero. Es una mañana fresca de primavera de mediados del siglo XIX.
Las voces de más de una treintena de niños lo llenan todo. Unos corren jugando a la pica, otros cantan dando vueltas cogidos de la mano en el divertido corro de la patata, con sus mandilones azules o rosas, bajo la atenta mirada de la maestra, Doña Consuelo. De los dos bloques de viviendas mineras que les dan sombra cuelgan sabanas, toallas, monos de trabajo, y sale aroma a puchero haciéndose lentamente en la cocina de carbón. Por la calle de al lado pasan muchas mujeres con destino al economato y algunas se asoman para ver a sus hijos. Es una mañana de un día cualquiera de los años ochenta del siglo pasado, y el patio de párvulos bulle de actividad en el recreo, mientras la gran aula, que ocupa el bajo de un inmenso edificio de piedra, permanece en silencio.
Gabriel Frías, un ingeniero recién jubilado después de muchos años trabajando en una siderurgia, levanta un cuaderno lleno de ilustraciones, explicando qué eran y para qué servían aquellos grandes tubos oxidados. A su lado, Javier San Vicente, arqueólogo, asiente, satisfecho de haber sacado a la luz esas estructuras. Un poco más apartado, uno de aquellos niños que jugaba en el patio de párvulos, ahora director del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (MSM), Roberto Fernández, les mira y sonríe, mientras piensa que por fin se ha cumplido un sueño. En esa tarde soleada de junio de 2025, los tres están acompañados de medio centenar de personas, sorprendidas por lo que allí ven.
Estos tres momentos, de los siglos XIX, XX y XXI, se desarrollan en el mismo lugar, la zona que ocupaban los hornos altos de la Ferrería de San Blas, la primera industria siderúrgica moderna que hubo en España, asentada en Sabero por su enorme riqueza en mineral de hierro y carbón y puesta en marcha por los principales empresarios y técnicos del país en aquellos convulsos años de mediados del siglo XIX.
Una industria efímera
La historia de esta industria fue efímera, ya que las malas comunicaciones y la nefasta política acabaron con el proyecto en menos de dos décadas. Años después, la empresa Hulleras de Sabero adquirió sus propiedades, que tuvieron un destino muy dispar. La gran nave de forja y laminado, conocida como Plaza Cerrada, fue rehabilitada y reutilizada para usos diversos, hasta que en 2008 acogió el MSM. Los hornos altos fueron desmontados, tal vez como consecuencia del derrumbe de uno de ellos, y sus restos se taparon con tierra para crear un patio de juego anexo al colegio de la empresa minera, ubicado en los bajos de lo que fue la Casa de Máquinas Soplantes de la Ferrería. Este patio se adscribió al museo una vez cerrado el colegio.
Con el museo ya consolidado y por su iniciativa, la Junta acometió en el año 2022 una primera excavación arqueológica, para conocer el alcance de los restos que todavía podía haber en aquel patio. Esta intervención tuvo un gran resultado, con la aparición de numerosos restos, entre los que destacaron las bases del segundo horno alto, su crisol, los canales de arena para la fundición y otros elementos muy interesantes.
El éxito de esta campaña animó a la Junta de Castilla y León a completar la excavación de todo el patio y otras zonas anexas, con una nueva intervención en el año 2024 valorada en cerca de 300.000 euros y con una duración de once meses, que está a punto de concluir.
Restos relevantes
Lo descubierto certifica el acierto de esta iniciativa y la relevancia de los restos aparecidos, ya que en palabras del arqueólogo responsable y del ingeniero experto asesor de la excavación, no hay nada igual en ningún lugar del mundo.
Los trabajos desarrollados en las dos fases han sacado a la luz las bases de los dos hornos altos de la ferrería, formadas por grandes piedras de cantería y ladrillos cerámicos, con sus pasillos de uso, las chimeneas interiores de evacuación de humo y calor, el crisol, los canales de arena para la recogida del hierro fundido y los depósitos de escoria. También grandes planchas de hierro que servían posiblemente para dar estabilidad a los hornos y para la protección de los trabajadores ante las altas temperaturas en el proceso de fundición.
Junto a estas bases han aparecido las de algunas estructuras auxiliares, como los dos cubilotes de segunda fusión y la estufa que servía para calentar el aire que se insuflaba en los hornos.
Destaca la aparición de un pozo de gran tamaño y profundidad, realizado en ladrillo, que hacía de aljibe, acumulando agua, tan necesaria para los procesos en la fundición. Este pozo comunica con una galería abovedada, de piedra y ladrillo, que recorre el subsuelo del patio y cuyo uso era evacuar hasta el arroyo Horcajo el agua que llegaba o se producía en el complejo.
Lo más llamativo de lo descubierto es la amplia red de tuberías, que servían para llevar el aire a los hornos altos, con el fin de avivar su fuego y aumentar la temperatura hasta alcanzar la necesaria para la fundición del mineral de hierro. Desde los grandes tubos de hierro, algunos destrozados por el desmontaje de los hornos, hasta los pequeños, que llegaban a los puntos neurálgicos transportando el preciado viento. Con la finalización de la excavación se iniciarán en los próximos meses los trabajos de restauración, consolidación y musealización de todos los restos aparecidos.