AQUELLOS INDIANOS
Los leoneses que hicieron las Américas
José Miguel Álvarez Domínguez desentraña la emigración en 'Semillas de León en América'
Niños leoneses jugando a los bolos en Mar del Plata.
Decenas de miles de leoneses hicieron las Américas. La gran emigración de jóvenes de esta provincia al otro lado del Atlántico a principios del siglo XX es una gran laguna. No hay datos oficiales y existió una fuga clandestina. Así lo sostiene Juan Miguel Álvarez Domínguez en su libro La semilla de León en América. A él la emigración le toca de cerca. Sus padres se fueron en los años sesenta a Francia, donde nació, aunque retornó a León con cuatro años.
Ahora ha investigado la nutrida corriente migratoria hacia el «nuevo continente», un tema capital en la historia contemporánea. «Mientras gallegos y asturianos han tenido una copiosa literatura científica», dice, «la emigración de los hombres y mujeres de León ha permanecido oculta entre la nebulosa del pasado y el olvido social; entre una bruma de la que apenas ha trascendido el mecenazgo de algún indiano que construyó o remodeló la iglesia o la escuela local».
El libro de Álvarez Domínguez está precedido por una tesis doctoral. Explica que la emigración en masa de leoneses a América, entre 1880 y 1930, es difícil de desentrañar, porque las fuentes estadísticas del tránsito hacia América desde los puertos españoles son deficientes y no reflejan el origen de los que se embarcaban; y otros partían desde puertos extranjeros y no están contabilizados. Además, existía una emigración clandestina de jóvenes en edad de cumplir el servicio militar que huían por temor a morir en África. Tenían la experiencia de la guerra de Cuba, en 1898, en la que perecieron muchos leoneses.
Los llamados a filas falsificaban los papeles y en algunos puertos gallegos «hacían la vista gorda» a cambio de una cantidad extra. Luego, los prófugos que querían regresar, solo tenían que esperar a que hubiera una amnistía.
Huir de la miseria
«El fenómeno afecta directamente a decenas de miles de hombres y mujeres de esta tierra e, indirectamente, a un porcentaje muy alto de familias». El perfil mayoritario del emigrante es el de hombre joven que deja su localidad natal por la pobreza del sector agrario y la filoxera, que devastó los viñedos a finales del siglo XIX y principios del XX. Argentina y Cuba fueron los principales destinos, seguidos de Brasil, Uruguay y México. No todos hicieron fortuna y muchos nunca regresaron. El país azteca fue el de las grandes oportunidades y donde un mayor porcentaje de leoneses tuvo éxito, como el caso de la conocida saga de los Díez, fundadores de la Cervecería Modelo (fabricante de Coronita) en la capital mexicana en 1925. Los leoneses se incorporan más tarde a la corriente migratoria ultramarina que sus vecinos gallegos y asturianos. La gran oleada se produjo en los años previos al estallido de la Gran Guerra.
En 1912, según cifras oficiales españolas —cuyo valor reside en que muestran «una tendencia»—, 10.704 leoneses embarcaron rumbo a América. Hay que tener en cuenta que León capital en 1910 tenía únicamente 20.000 habitantes; Astorga, la segunda localidad en aquellos años, rozaba los 6.000; y Ponferrada, apenas alcanzaba los 2.900.
La mayoría mejoran sus condiciones de vida, pero solo unos pocos hacen fortuna. es realmente escaso. En Mar del Plata, Bahía Blanca o La Habana consiguen un futuro mejor en la industria o el comercio.
Casas de solidaridad
En Argentina y Cuba, los dos países que capitalizan la emigración leonesa, se crean centros provinciales o regionales —de tres provincias (León, Zamora y Salamanca) o de cinco (León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia)—. En 1924 se crea el centro del Val de San Lorenzo, que en los años 50 pasará a denominarse Maragatería-Val de San Lorenzo. En 1914 en La Habana surge el centro leonés, heredero del castellano, fundado cinco años antes.
Algunos de estos centros se mantienen en la actualidad. No eran un simple lugar de reunión ni locales exclusivamente culturales, sino que crearon unos lazos de ayuda mutua y, con las cuotas de los asociados, socorren a trabajadores que sufren accidentes laborales o sufragan subsidios a viudas e hijos en casos de fallecimiento del cabeza de familia. En Cuba existe un panteón de leoneses, que fue recientemente restaurado por la Diputación de León. En gran medida —explica Álvarez Domínguez— los centros regionales «han sido las embajadas de León», donde ha habido una defensa de la identidad leonesa y del folclore. Algunos de estos centros publicaban revistas y boletines, que se conservan, junto a las actas o valiosos archivos fotográficos. Cuenta Álvarez Domínguez que estos «indianos» regresaban con cámara y, en muchos casos, las suyas eran las primeras fotografías de sus pueblos, en una época en la que en España casi no había cámaras de fotos y menos en lugares recónditos.