DETECTIVE DE LA HISTORIA
Un peine destapa el expolio leonés
Un dibujo inédito muestra una extraña pieza que estaba en León a finales del XIX y desapareció
El peine medieval leonés desaparecido.
El dibujo de un peine medieval, llevado a cabo en 1865, prueba el expolio que ha sufrido el patrimonio leonés desde hace más de un siglo. En una época en la que no existía la fotografía, el decorador catalán Jaume Serra i Gibert, joyero de formación, recibió el encargo de dibujar los tesoros de la Catedral de León y San Isidoro para figurar en la publicación Monumentos Arquitectónicos de España.
Algunos de los dibujos que Serra i Gibert llevó a cabo en León están hoy en el Museo del Prado. La investigadora de la Universidad de León Vanessa Jimeno ha localizado una ilustración, inédita hasta el momento, de un extraño peine medieval, que desapareció de León, pero quedó inmortalizado por el citado artista catalán. En un trabajo titulado Patrimonio artístico español en paradero desconocido: un peine medieval de «primorosos calados», analiza el misterioso peine, «por su gran calidad artística y alto grado de refinamiento».
Jimeno aclara que no es posible cuantificar la totalidad de las piezas artísticas perdidas, sobre todo porque los centros monásticos y conventuales carecían de inventarios. De ahí que el testimonio de algunos autores que las vieron y describieron o de artistas que las inmortalizaron son ya las únicas pistas de los tesoros que fueron vendidos o robados en esta provincia.
A principios de marzo de 1865 Jaume Serra i Gibert llega a León para copiar los edificios y objetos notables que albergaban. Había recibido indicaciones exactas de qué era lo que debía reproducir para la citada publicación. Por una carta del artista, según ha averiguado Jimeno, le habían encomendado las plantas de la Catedral y San Isidoro, así como diversos detalles y piezas como la cruz de marfil de Fernando I y Sancha —que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional—, la arqueta de San Isidoro o el caliz de doña Urraca, que algunos consideran el Santo Grial.
Sin embargo, Serra i Gibert no se ajustó al encargo y retrató todo a lo que a juicio era «lo más importante» que conservaba León y que permaneció en sus cuadernos, ahora depositados en la Biblioteca de Cataluña, sin especificar su datación. Entre estos últimos, figuran los dibujos del ataúd de la infanta María —cuyo ajuar completo exhibe el Museo de San Isidoro por primera vez en la historia— o las filigranas de la cruz procesional de Enrique de Arfe, que se puede ver también en este museo. Pero, además, Vanessa Jimeno localizó dos apuntes de una pieza absolutamente desconocida, un peine medieval que llamó la atención de Serra i Gibert. El artista dejó anotada en la lámina que el tamaño del peine es el doble del natural, sin aportar medidas. Las dimensiones del cuaderno en los que pintó el peine miden 35 por 40 centímetros.
De obispo o de tocador
La investigadora ha buscado paralelismos con otros peines, la mayoría de la segunda mitad del siglo XV y procedentes de Francia, época en la que el marfil comienza a ser sustuido por la madera de boj, una de las más preciadas desde la Antigüedad, por su resistencia y suavidad. Aunque por el dibujo es imposible acreditar si está hecho de este material, parece lo más probable. Jaume Serra atribuye al peine que dibuja una clara funcionalidad litúrgica, tal como indica en el texto de la lámina.
Se trataría entonces de un peine para la barba y los cabellos del oficiante durante la celebración de la misa o, según Jimeno, atendiendo a la cronología bajomedieval, «utilizado en el ritual de consagración de algún obispo». Muchos de estos peines —explica— «se han encontrado en las sepulturas de algunos prelados medievales».
Pero no es un tema cerrado. Jiménez destaca que los escasos estudios sobre estas piezas que hay desde finales del XIX apuntan a que los peines bajomedievales de las carácterísticas del leonés y fabricados con preciosos motivos ornamentales «no tendrían un cometido religioso, sino de tocador». También se les ha llamado «peines amatorios», porque era un regalo habitual con el que se obsequiaba a las damas.
Jaume Serra no aclara el lugar concreto donde estaba la pieza en León, si en la Catedral o en San Isidoro. En España son muy pocas las iglesias y museos que cuentan con estos peines. El hecho de no figurar en ninguno de los inventarios que se hicieron en León en las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX, lleva a pensar a Jimeno que «bien podría haber desaparecido durante la incautación de los bienes culturales de la Iglesia llevada a cabo en el Sexenio Revolucionario, entre los años 1868 y 1874.
Tras revisar las colecciones de muchos museos, la investigadora de la ULE ha encontrado dos peines, los más parecidos al leonés, en el Museo de Cluny de París, calificados como piezas excepcionales.