MEMORIAS

Felipe Fernández: entre ¿ovnis? y el Concorde

El bañezano, alto cargo en Repsol, recorrió el mundo entre 1971 y 2000. Hace balance ahora en un libro titulado ‘Recuerdos a reacción’ (Ópera Prima)

Felipe Fernández viajó por el mundo como alto cargo comercial de Repsol. En la imagen en los Propileos de la Acrópolis de Atenas.dl

León

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Viajó en el Concorde, ¿vio Ovnis? (en el libro lo cuenta). Su vida ha sido redonda, porque la disfruta desde la óptica del agradecimiento y la generosidad. Felipe Fernández de Mata lo cuenta en Recuerdos a reacción, editado por Ópera Prima, y que es un libro de memoria, vuelos, hoteles y países y el gran argumento: las personas. A mi mujer, hijos y nietos que me esperaron siempre, dedica. Ese es en realidad el argumento de su vida. Alto ejecutivo de Repsol viajó por el mundo por motivos laborales, con cierta vocación de viajero que ahora plasma en un jugoso libro en el que cuenta muchas de las cosas que vivió, que descubrió y a las que ahora les saca conclusiones. Satisfecho, like a rolling stone sensato y nada a la deriva sería su definición musical, él que tira de música para contar cosas como en una canción de John Denver.

Se imagina al bañezano Felipe Fernández siempre con un pie en las escalerillas del avión o esperando en un aeropuerto y antes de enunciar el pensamiento ya está el de regreso valorándolo casi más que la extraordinaria experiencia de vida en la que por razones de trabajo viajó por el mundo entre 1971 y 2000. «Lo mejor siempre era llegar y abrir la puerta y reencontrarme con mi mujer y mis hijos, que se les oía llegar como una tremolina», dice él mientras hace pensar que será un hombre volador, pero qué bien tiene los pies en la tierra.

Él mismo escribe: «Los viajes realmente comienzan con mi vida profesional, que me llevó inicialmente a París, Londres, Bruselas, y poco a poco, a lugares más distantes como Rusia, Argentina, Estados Unidos, Canadá, Nigeria, Irán, lrak, Emiratos, por supuesto Francia, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Holanda, Italia, etc», relata dejando muestra de la importancia que tuvo el viaje en su trayectoria laboral. «De todos los viajes profesionales, que comprenden el periodo de 1971 a 2001, lo mejor que descubrí fueron amigos de por vida, con una cercanía que facilitaba las negociaciones y me colmaba de satisfacción personal. Aunque algunos viajes no fueron agradables, todos me ayudaron a formarme como persona, mas allá de mi vida de trabajo y puedo decir, que cuanto más viajaba, más me exigía mi inteligencia, más trabajaba. Y los hechos imborrables vividos me impulsaron a dejar aquella memoria, aquellos recuerdos, por escrito. Termino con una visita, insólita para mi, a lugares de Guadalajara, en la triste y melancólica España abandonada», remarca desde la idea general a la paradoja final.

Y llega también entre tanto viaje al recorrido interior como una conclusión de alta belleza humana: «Lo más importante que me ha pasado en toda esta experiencia en cuanto a la relación con las personas es que definitivamente todos somos iguales. Tenemos fronteras, pasaportes, religiones, lo que sea, pero al final te sientas a hablar y todos hablamos de las mismas cosas: la familia, los hijos, los temas de la vida», explica.

Felipe Fernández ha viajado en avión 1.350.000 kilómetros (casi 34 vueltas al mundo). En el libro rescata múltiples anécdotas. Como el haber volado en el Concorde entre los mil aparatos en los que ha viajado. Una historia impactante con trama y final sorprendente que comienza así: Pronto fuimos llamados a la puerta de embarque y con puntualidad ocupamos nuestros asientos. No hay dos vuelos iguales. Mi experiencia me dice que todos son diferentes entre sí, por lo que mi expectación era muy grande cuando el avión encendió los motores y se dispuso a iniciar el viaje. Unas breves palabras del comandante nos informaron sobre el sencillo plan de vuelo: el avión volaría a velocidad subsónica hasta salir al océano Atlántico. Una vez dejado atrás el territorio continental alcanzaría los 20 000 metros de altitud. La velocidad sería mach 2.2 (es decir unos 2500 km/hora) y el tiempo estimado de viaje Paris/Nueva York estaría en torno a las 2 horas y 45 minutos. El interior del avión era discretamente lujoso. Dentro el ruido es moderado, el servicio excelente y la merienda a base de caviar con langosta y Moet & Chandon. La capacidad del avión era para unos 100 pasajeros y en el vuelo no íbamos más que unos 60...

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Sería torpe desvelar el final cuando Felipe Fernández devuelve en libro su gran vida.