LAS MANSIONES DEL IMPERIO
Cuando León exterminó sus villas romanas
Solo la de Navatejera se ha salvado, mientras otras mansiones romanas han sido barridas y expoliadas durante décadas en la provincia leonesa

Vista de la villa romana de Navatejera, la única que se ha salvado en toda la provincia.
León oculta bajo tierra un pasado opulento. Al menos, 21 villas romanas, desvanecidas entre el olvido y el expolio. Mansiones, algunas espectaculares, que fueron desmanteladas durante décadas. Ahora solo está a salvo la de Navatejera, convertida en una extensión del Museo de León.
En el libro Villas romanas del Duero: historia de un paisaje olvidado, Fernando Regueras explica que las leonesas fueron las primeras y las mejor conocidas de todas, estudiadas ya en el siglo XIX, y que la de Navatejera fue la primera villa romana protegida de toda la Península Ibérica. Según este investigador, la mejor villa romana del Noroeste es la de Los Villares, en Quintana del Marco, que ha sufrido incontables saqueos. De ella procede el célebre busto de Marco Aurelio, que durante décadas estuvo «empotrado» en la iglesia de la localidad, hasta que fue robado.
Recuperado en una operación policial desplegada en Córdoba, el busto fue restaurado y se exhibe ahora en el Museo de León. Con toda probabilidad, no es ni un emperador romano ni San Pedro —santo al que está dedicada la iglesia de Quintana del Marco—, sino el dueño de la villa. Un busto excepcional que los expertos han datado en el siglo II.
La historia de Los Villares parece sacada de una tragedia griega. Cuando fue descubierta la mansión, preservaba un pavimento excepcional, el conocido mosaico de las Hilas y Ninfas, uno de los principales tesoros que preserva el Museo de León en el edificio Pallarés. La villa fue destruida casi en su totalidad al amparo de la concentración parcelaria. Las máquinas destrozaron muros milenarios y vasijas.
En los años 90 salieron a subasta en Madrid tres bustos y otras esculturas de mármol y bronce procedentes de Los Villares. Curiosamente, el yacimiento fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) un año antes de que las máquinas acabaran con él.
Frente a la desidia y el expolio de las villas romanas leonesas, La Olmeda, en Palencia, se ha convertido en un importantísimo foco de dinamización económica, social y cultural para toda la comarca, después de una muy eficiente labor de restauración.
Descubierta a finales del siglo XIX, la villa de Navatejera fue vallada y cubierta por un edificio; y la primera que se ponía a disposición del público.
En los años 30 el médico y pionero de la arqueología leonesa Julio Carro excavó en su localidad natal, Santa Colomba de Somoza, la villa de El Soldán. Extrajo cientos de piezas que en su testamento legó a la Diputación, con la condición de que se excavara el yacimiento y se abriera al público. Esta semana la Diputación ha suscrito un convenio con la Universidad de León para permitir a alumnos y profesores analizar este valioso tesoro apenas estudiado hasta la fecha. La villa de El Soldán es uno de los conjuntos más extraordinarios de la Península, porque se remonta a un período —el siglo I— del que hay pocos ejemplos. En 2018, el Ayuntamiento de Santa Colomba de Somoza manifestó su intención de poner en marcha un proyecto para la recuperación de este yacimiento arqueológico, pero la única actuación llevada a cabo fue el desbroce del terreno por parte de voluntarios de Promonumenta.
El Soldán, Navatejera y Los Villares son las villas más conocidas, pero hubo más viviendas romanas a lo largo y ancho de la provincia. Su objetivo primordial era la ocupación del territorio. Por eso, las había muy modestas —simples casetas— o granjas, hasta grandes mansiones señoriales.
Mansiones bajo tierra
Aunque algunas de las quintas romanas conocidas son anteriores al siglo III, la gran eclosión se produjo en los siglos IV y V, en las vegas del Esla y el Órbigo. Un auge paralelo al ocaso de los núcleos urbanos como Asturica Augusta y Legio. Algunas de estas villas están sin excavar y no se conocen más que los restos que han sacado a la luz los arados.
Entre las villas conocidas figuran la de San Martín de Torres; la Civitas Bedunie, en Campo de Villavidel; Las Lebaniegas, en Cabreros del Río, con mosaicos del bajo imperio; en Fresno de la Vega; en Villaquejida, una villa con mosaicos geométricos tardorromanos y reocupada en la Edad Media; la residencia aristocrática de La Milla del Río, también con mosaicos; y la de Santa Cristina de la Polvorosa, con trece mosaicos geométricos, restos pictóricos y termales, construida en los siglos IV-V sobre otra anterior.