LEGADO INTELECTUAL INOLVIDABLE
El leal guardián de Botines
Antonio T. Reguera, profesor de Geografía y Geología de la ULE, fallecido este domingo a los 70 años, desarrolló una fructífera labor intelectual desde lo global sin descuidar el estudio de lo leonés, siendo clave su labor en la reconstrucción teórica del gran edificio de Gaudí
Antonio T. Reguera, catedrático de Goegrafía, fallecido ayer a los 70 años, fue uno de los grandes expertos en la historia de Casa Botines.
Antonio T. Reguera era profesor del Departamento de Geografía y Geología de la Universidad de León y un activo cultural de aquí en toda su extensión y labor académica y divulgativa. Falleció este domingo a los 70 años y de inmediato su obra se reivindica desde todos los frentes y uno en especial: el Museo Casa Botines. José María Viejo, director general de Fundos, entidad que gestiona con mimo el edificio emblemático de Gaudí, fue el primero en hacer llegar el reconocimiento y la pena por la pérdida de un intelectual a pie de terreno, tanto en términos generales como en lo que concierne a León y provincia. «Antonio Reguera publicó una obra fundamental para el conocimiento de la historia de la Casa Botines (Un solar, un pleito y una casa, Universidad de León, 2023). En esa publicación, el doctor Reguera desgranó con brillantez y exactitud los antecedentes históricos y familiares de edificio y de su construcción. Don Antonio fue también un gran divulgador de la historia de la Casa y un visitante muy asiduo del Museo, donde pudo presentar su libro, y con cuya revista, Dragón, colaboró en diciembre de 2023. Su generosidad y filantropía se plasmó también en la donación al Archivo Histórico Fundos de un conjunto importante de documentos originales relativos a la historia de la Casa Botines. La Universidad y la cultura de León pierden una a gran persona y un activo extraordinario», indicaba José María Viejo al conocer la triste noticia de su fallecimiento.
Pero ese saber concreto no le hacía a Antonio T. Reguera dejar de lado lo universal, que va de lo efímero a la huella perdurable, como será en su caso su labor durante tantos años. Así, a Diario de León, en entrevista con Pablo Rioja mostraba esa amplitud de miras con motivo de otro de sus trabajos más destacados. Decía Reguera: «Hoy se sabe que sólo somos un punto minúsculo en la inmensidad del Universo, pero más de una vez a lo largo de la historia nos creímos el centro e incluso se llegó a aceptar que la Tierra era plana». Lo decía con motivo de la salida de su libro La medida de la Tierra en la antigüedad, trabajo de investigación donde recopiló todos los intentos por medir el planeta desde el siglo III a.C. hasta la Edad Media.
Escucharle hablar de Casa Botines era un deleite, para alguien que partía del conocimiento para llegar a su conclusiones. A la revista Dragón, que edita Fundos, contaba cómo había sido su peripecia de llegar a conocer detalles tan completos y necesarios para conocer los avatares de tan singular edificio: «La hemos conocido, en el tiempo aproximado de tres generaciones (siglo XX), como un edificio excepcional por su funcionalidad mercantil y su porte artístico. Su localización en el centro del centro (la Plaza de San Marcelo), y su protección como monumento histórico-artístico han hecho del edificio un elemento icónico que la ciudad reconoce oficializando un nombre de origen popular, Casa Botines. Cuanta más relevancia iconográfica tomaba la Casa, mayor interés despertaban algunas noticias, datos o meros supuestos que hablaban de irregularidades, problemas o simples curiosidades. Un solar «entrampado», rodeado de una plaza, un palacio y un tramo de muralla, cuya propiedad era una incógnita. Los ecos en la tradición histórica de un litigio por la propiedad del suelo, frecuentes por otra parte en el Urbanismo moderno. Y algunas referencias a historias familiares y experiencias empresariales añadían un elemento humano no exento de interés social, y aderezado incluso con curiosidades diversas».
Fue Reguera quien degranó el origen de Casa Botines. «Comienza con un negocio de prendería que el comerciante de origen catalán, Juan Homs y Botinás, tiene establecido en la Plaza Mayor de León hacia mediados del siglo XIX. Incluye venta de tejidos, enseres domésticos, muebles y antigüedades. Como no era infrecuente en la época, las ganancias del negocio que no se podían invertir en la ampliación del propio negocio generaban un capital excedente que busca otras salidas. Como la del préstamo, con prenda o con hipoteca. Ya tenemos los dos pilares en los que económicamente se sustentó siempre la Casa. Los socios y los herederos de Juan Homs, Mariano Andrés y Simón Fernandéz, crearon una nueva Sociedad Mercantil que amplió la matriz del negocio; y, sobre todo, construyó la nueva sede que hoy conocemos», contaba.
Y junto a esa labor como leal guardián de Botines, la totalidad de su especialización, ilustrando y fascinándose por aquella primera cartografía de Dicearco de Mesina. Pero el legado de Reguera permanecerá en el mapa eterno de León y de la ULE.