Diario de León


El Santo Sepulcro lanza una piedra a Castilfalé

El sábado el obispo de León presentará una reliquia procedente de Jerusalén que se suma al 'lignum crucis' que ya posee la iglesia de esta localidad de Los Oteros

Caja con la piedra del Santo Sepulcro.

Caja con la piedra del Santo Sepulcro.DL

Verónica Viñas
León

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La villa de Castilfalé, en el corazón de Los Oteros, atesora dos de las reliquias más veneradas por la cristiandad. Desde 1817 posee una astilla de la Cruz de Cristo, la lignum crucis, y el sábado mostrará una pequeña piedra, de tan solo tres centímetros, recién llegada de uno de los lugares más sagrados de Jerusalén.

A solo 70 kilómetros de Gaza y ajena al genocidio, la Basílica del Santo Sepulcro, que preserva tanto la tumba como el lugar donde fue crucificado Jesús, ha enviado una preciosa caja de madera.

En el interior, con la imagen de esta iglesia en la tapa, la piedrecita del Gólgota parece una joya, enrollada en un cordón rojo, con un sello de lacre y acompañada por un certificado de autenticidad de fray Francesco Patton, que fue custodio de Tierra Santa hasta finales de junio. El sábado, el día del Cristo —festividad que en Castilfalé no sigue calendarios estrictos sino el ritmo de la siega y el regreso de los vecinos que ya no residen en la localidad—, el obispo de León, Luis Ángel de las Heras, oficiará una misa, a las doce del mediodía, para presentar la nueva reliquia.

El enviado a Jerusalén

José María Fernández, miembro de la Cofradía de la Vera Cruz, hermandad que data de 1547, confiesa que el verdadero artífice de la llegada de la piedra sagrada ha sido el carmelita Francisco Negral Ramos, originario de Castilfalé, autor de libros como Las rutas de Jesús de Nazaret y residente desde hace años en el monasterio Stella Maris del Monte Carmelo en Haifa (Israel).

Fue en el 2020, durante la pandemia, cuando el padre Negral Ramos le confesó a José María Fernandez que «existía la posibilidad de pedir una piedra del Santo Sepulcro para la cofradía». Tal vez, por su amistad con fray Francesco Patton.

«Me explicó que lo más importante era conseguir una carta del obispo reclamando la reliquia. También tuvimos que enviar documentos de la historia nuestra cofradía y de los estatutos actualizados», cuenta.

La reliquia, custodiada en los Santos Lugares por los franciscanos que velan el Gólgota desde el siglo XIII, no se envía por correo. Francisco Negral tuvo que recogerla en persona y trasladarla hasta su villa natal como un peregrino que carga con el peso de la historia.

En Jerusalén sorprendió que un pueblo tan pequeño guardará una astilla del lignum crucis y, tal vez, pensaron que «merecía compañía».

Más azarosa fue la llegada de esa frágil astilla desde el monasterio de Santo Toribio de Liébana, que posee uno de los fragmentos mayores del mundo.

Fue llevada a Castilfalé en la primavera de 1817, tras algunos avatares políticos y familiares. Juan Díaz Caneja, párroco local de una pudiente estirpe de Oseja de Sajambre, la consiguió a través de su hermano Ignacio, párroco de Villabalter y años más tarde obispo de Oviedo, que atestiguó su autenticidad. La cofradía de Castilfalé gastó 160 reales en un viril de plata para exponerla, idéntico al de Villabalter, que también posee otra astilla de la lignum crucis. Desde entonces, el 3 de mayo —o el sábado siguiente, para que acuda el pueblo entero— y el día de la Exaltación de la Cruz, se saca en procesión. «Va todo el mundo, hasta los que no pisan la iglesia. Es una tradición», dice José María Fernández.

En un lugar secreto

En San Juan Degollado, un templo sobrio del XVIII, las reliquias solo se exhiben en fechas solemnes. El lignum crucis en su relicario, y ahora esta piedra que lo acompaña, se guardan, por seguridad, en un lugar secreto. En el pueblo apenas resisten 60 vecinos, según el último censo. La iglesia, con cinco altares, dedicados a San Juan Degollado, el Bendito Cristo del Amparo, la Inmaculada Concepción, San Isidro y la Virgen de Fátima, es ahora depositaria de dos de las principales reliquias de la cristiandad.

El sábado, bajo la torre de espadaña que mira al infinito, el obispo mostrará la piedra del Gólgota y el pueblo se convertirá en un refugio sagrado. Muy pocas iglesias en el mundo custodian semejante tesoro. Una excepción es también la del Santo Sepulcro de Calatayud, que, junto a la de Jerusalén, es la única Casa Madre de la Orden del Santo Sepulcro que hay en todo el planeta, donde preservan dos reliquias de la misma procedencia que las de Castilfalé.

Esta localidad, situada a 52 kilómetros de la capital leonesa, es guardiana además de una rica historia. Sus orígenes se remontan a la Reconquista. Hasta el siglo XI la villa aparece citada en los documentos como Castrel de Hale o Castrillo de Fale, en una clara referencia a la presencia de un castillo o fortaleza en torno al que se desarrolló el núcleo de población. El término Fale, es un misterio. Según algunas teorías, alude a un ‘moro’.

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