El tipo de cestería tradicional ancestral que solo sobrevive en un pueblo de Castilla y León (y es preciosa)
Montemayor del Río, en Salamanca, es hoy uno de los últimos enclaves de Castilla y León donde la cestería de castaño se mantiene viva como oficio activo, con producción continuada y relevo generacional, aunque en riesgo de desaparecer
Desde el monte hasta el taller: en Montemayor del Río, la cestería de castaño es un proceso íntegro y manual, donde cada vara es seleccionada, tratada y tejida con técnicas ancestrales que aún hoy se transmiten de generación en generación.
Las manos de Eloy Enrique Pascual, maestro cestero de Montemayor del Río, se mueven con la precisión de quien aprendió observando a su abuelo y a su padre. En su taller, cada tira de castaño se curva con fuerza y cuidado. El oficio es su día a día. Como explicó Eloy Enrique Pascual en una entrevista grabada por Castilla y León Televisión, mientras mostraba su proceso artesanal ante las cámaras, «lo más difícil no es tejer la cesta, es sacar buen material. Si no se elige bien el castaño, no se trabaja a gusto».
Montemayor del Río, una villa de la Sierra de Béjar en Salamanca, ha sido declarada Zona de Interés Artesanal por la Junta de Castilla y León, por mantener activo y con continuidad generacional un oficio en claro retroceso: la cestería de castaño.
Un proceso que empieza en el monte y termina en tus manos
El proceso comienza en el monte. Las varas de castaño se cortan en invierno, se tuestan ligeramente al fuego, se abren, se lonchean, se remojan y solo entonces se trenzan. Cada paso exige paciencia y conocimiento del árbol. Así lo explica David Luengo Parra, cestero de cuarta generación, en el programa Ruralitas de RTVE: «La edad óptima para cortar el castaño es entre cinco y ocho años, cuando la madera está más flexible».
David aprendió de su padre, abrió su propio taller en la Plaza Mayor del pueblo y ha convertido su oficio en una marca de calidad. Exporta a Japón, Francia, el norte de España y participa en ferias artesanas. En los vídeos difundidos por la antropóloga visual Rosa Gómez para el proyecto de la Asociación Red Arrayán, se ve cómo transforma la materia vegetal en piezas funcionales, resistentes y bellas.
Junto a David y Eloy trabaja Ángel Fernández Mena, uno de los grandes maestros de la cestería de Montemayor. Su historia fue documentada en la serie audiovisual de Rosa Gómez en Instagram (@rosagomez_official) y Facebook, donde se le muestra trenzando en su taller, heredado de su padre. Él mismo recuerda: «Mis hermanos, los de mi abuela, también fueron cesteros. Esto se ha hecho en la familia desde siempre».
En ese mismo proyecto aparece Óscar Barragán Hernández, el más joven de los cesteros activos del pueblo. Tras dedicarse a otros oficios, regresó hace tres años para retomar la tradición familiar. Ahora combina modelos clásicos con diseños adaptados a nuevos usos. En palabras recogidas en la publicación de Red Arrayán, «volver al pueblo y al castaño fue reconectar con mi origen». Hoy, su taller es un ejemplo de cómo lo ancestral puede tener futuro si se adapta y se comparte.
La cestería de Montemayor no es solo arte manual, es también gestión forestal. Todos los cesteros cuidan sus propios árboles, eligen cuándo cortar, cómo tratar la madera, y conocen el monte como una extensión del taller.
Además de las piezas tradicionales como el «cesto asturiano» o las cestas para setas, los encargos actuales incluyen roperos, bandejas y papeleras infantiles en colores personalizados. Aunque el acabado natural sigue siendo el más valorado: «con el tiempo el castaño oscurece y se vuelve aún más bonito», comenta Eloy en la entrevista.
¿Y en el resto de Castilla y León?
En zonas como Villar de Acero (Villafranca del Bierzo, León), por ejemplo, la cestería de avellano y castaño está reconocida oficialmente como parte del patrimonio inmaterial. Según el inventario de la Junta de Castilla y León, se considera un saber amenazado y no existe, sin embargo, un plan de salvaguarda específico actualmente implementado. Y eso hace aún más urgente actuar.
Trenzar castaños: un acto de resistencia cultural
Más allá de los talleres privados, los cesteros de Montemayor también enseñan. En San Esteban de la Sierra, David Luengo ha impartido el «Taller de Iniciación a la Cestería de Castaño», dentro del programa Lab-CREARTE de la Red Arrayán. En sus palabras, recogidas por Rosa Gómez: «Trenzar no es solo enseñar técnica, es enseñar identidad. Cada gesto transmite un legado».
Durante la jornada, los participantes aprendieron el proceso completo: desde seleccionar la fibra hasta terminar su propia cesta. La actividad fue un ejercicio de transmisión cultural en toda regla, y dejó claro que este oficio no solo debe sobrevivir, merece florecer.
También en León se impartió en agosto de 2023 un taller de cestería del Museo de los Pueblos Leoneses.
En Montemayor, trenzar castaños es más que producir objetos bellos. Es conservar un paisaje, una economía local y una identidad.
Como resumió el propio David Luengo en Ruralitas:
«Si esto se pierde, se pierde un oficio centenario que fue la economía del pueblo. Pero trabajando duro, aún se puede vivir de ello».
Y como bien dijo Eloy, cerrando su entrevista con naturalidad:
«Aquí podéis venir cuando queráis. Lo que hacemos no es para guardarlo, es para que siga».