Gaudí, entre la santidad y la mercantilización

El año Gaudí concentra la atención en la Sagrada Familia, pero fue autor de 90 proyectos como el Parque Güell, el Capricho de Comillas, Casa Botines en León o El Palacio situado en Astorga

La Sagrada Familia, vista desde lejos.Enric Fontcuberta

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Iva Anguera
Barcelona

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La visita del Papa a la Sagrada Familia el próximo 10 de junio, para celebrar la culminación en altura del templo con la coronación de la Torre de Jesús, ha puesto todos los focos de este Año Gaudí en la basílica barcelonesa. Pero la obra del genial arquitecto va mucho más allá del templo al que dedicó con auténtica obsesión sus últimos años, ese por el que ahora se estudia su beatificación. Una obra que engloba más de 90 proyectos unidos por un carácter único, con un componente «telúrico» que conecta el Capricho de Comillas con la Sagrada Familia, explica María Güell Ampuero, periodista cultural y patrona de la Fundación Güell.

"Poca gente lo sabe, pero este año es también el centenario de la apertura al público del Parque Güell", explica la experta, recordando que en 1926 el mismo año en que muere el arquitecto se abre el parque a los vecinos de Barcelona, tras el fracaso comercial de la urbanización proyectada por el gran mecenas de Gaudí, Eusebio Güell. El fruto de ese «tándem de locos únicos» como los define la periodista, va desde el Palau Güell, en el Gótico de Barcelona, a la cripta de la Colonia Güell y el Parque Güell. La Sagrada Familia se ha convertido en un «buque insignia» de Barcelona, «un negociazo que no sé bien cómo se va a gestionar en el momento que se acaben las obras", reconoce. El templo concentra la atención junto a otras obras fuertemente monetizadas como la Pedrera, la Casa Batlló o el Parque Güells. Descubrimiento mundial Una opinión que ya insinuaba hace un año el escritor Eduardo Mendoza cuando advertía que «tenemos que dejar descansar a Gaudí». Reconoce la periodista que «justo este año es imposible, pero es verdad que lo estamos exprimiendo, no sé ya si nos estamos pasando de Gaudí sin profundizar». Y señala con ironía que Gaudí no paga derechos de autor, quizá por eso tenemos los premios de cine Gaudí, la pasarela Gaudí, galletas de Parque Güell y todos los recuerdos imaginables en las tiendas del aeropuerto de Barcelona.

El descubrimiento de Gaudí «es nuevísimo» apunta, remitiéndose a 1992. «Llegan a Barcelona cantidad de periodistas que se pasean por la ciudad y no se lo pueden creer. Ninguna ciudad del mundo te ofrece tantos edificios que te desmayas si te gusta el modernismo. Y empiezan a escribir crónicas explicando que han ido a pasear al Parque Güell o han subido a la azotea de La Pedrera a un concierto de jazz. A partir de ahí es imparable». Una locura que se multiplicó en 2010, cuando el papa Benedicto XVI consagró el templo y la retransmisión televisiva amplificó el eco de la Sagrada Familia en todo el mundo. Una década antes se abría el proceso de beatificación del arquitecto, que dio un paso definitivo con el reconocimiento del papa Francisco a sus «virtudes heroicas» y podría culminarse este año, coincidiendo con el centenario de su muerte.

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