Los 7.000 tesoros ocultos del Museo de los Pueblos Leoneses
El espacio, dedicado a objetos tradicionales de la provincia, cuenta con escaso espacio para seguir almacenando las obras cedidas

Todas estas piezas cuentan con una seguridad muy alta para evitar robos. ramiro
León tiene historia. Y mucha. Un leonés te conoce hasta el mínimo detalle de todo lo que rodea a lo que ha sido y sigue siendo su región, su ciudad y su provincia. Una provincia que cuenta con numerosos espacios dedicados a obras que se albergan y se exponen para que leoneses y no leoneses puedan visitarlos y conocer, de esta forma, más de cerca todo lo relacionado con su historia. El número de museos es incontable en la provincia. Desde las grandes instituciones museísticas hasta la vecina que lleva toda una vida dedicada a una pintura y que la expone entre las paredes de su casa. Pero, entre medias, existen espacios que van más allá de lo material, llegando a ser algo completamente sentimental. Y el Museo de los Pueblos Leoneses es uno de esos casos y, probablemente, el más representativo a nivel leonés. Esto se debe a que, entre sus rincones, esconde la historia de una región que ha visto evolucionar con el paso del tiempo todo lo que le rodea y que, de alguna forma, te hace regresar a varias épocas que conforman la historia de una provincia como es León.

Almacén desde dentro
Todas sus salas están llenas de historias, pero entre sus muros hay algo más. 7000 piezas. Casi nada. 7000 tesoros ocultos en unos almacenes que no están abiertos al público y que, por el momento, no se prevé que puedan salir de ahí para mostrarse en las diversas exposiciones que tienen. Unas piezas de valor incalculable. Ya no solo a nivel económico, sino emocional. Unos objetos que han sido cedidos por agentes externos al museo y que han hecho que, sus almacenes, se encuentren cerca de alcanzar el 100% de lleno. «Hemos tenido que empezar a seleccionar de manera minuciosa las obras que aceptamos porque no nos caben más», comentan los trabajadores del Museo de los Pueblos Leoneses. «Este museo tiene los almacenes en la parte de abajo del edificio y, además, hay una nave dedicada a objetos de un mayor tamaño como carros, carrozas y otro tipo de piezas de mayor envergadura», explican. Ahora, tienen el inconveniente de dejar pasar muchas ofrendas que le llegan todos los meses, pero que, por cuestiones obvias, no pueden aceptar todas.
Los tesoros ocultos
Los tesoros ocultos del Museo de los Pueblos Leoneses no reciben al visitante nada más cruzar la puerta. No están iluminados por focos ni acompañados de cartelas explicativas. Permanecen tras puertas cerradas, en almacenes repletos de estanterías móviles y armarios compactos donde el espacio se ha convertido en un bien tan valioso como las propias piezas. Allí descansan más de 7000 objetos que forman parte de la colección del museo y que, aunque rara vez ven la luz, cuentan la historia cotidiana de generaciones enteras de leoneses.

Entre los objetos se encuentra historias de todo tipo
No se trata de joyas ni de grandes obras de arte. Su valor reside precisamente en lo contrario. Son objetos que formaron parte de la vida diaria: herramientas de trabajo, muebles, instrumentos musicales, aperos de labranza, piezas textiles, utensilios domésticos o máquinas que hoy han quedado relegadas al recuerdo. Cada una de ellas llegó al museo gracias a una donación y conserva detrás una historia familiar.
Hay varias propuestas pensadas como son la realización de exposiciones temporales o actividades temáticas
Entre esos fondos se esconden auténticas joyas del patrimonio etnográfico leonés. Una de las más llamativas es una pianola acompañada por decenas de rollos originales de música, perfectamente conservados, que permiten comprender cómo sonaba el entretenimiento doméstico hace más de un siglo. Muy cerca descansan antiguas máquinas de coser, entre ellas modelos de Singer accionados mediante manivela, que durante décadas vistieron a miles de familias leonesas.

Está lleno de detalles el lugar
Con la futura expansión se prevé que algunas de esas piezas puedan abandonar su actual espacio para mostrarse al público
Los almacenes también guardan campanas antiguas, yugos utilizados para el trabajo con el ganado, mobiliario tradicional, bargueños y numerosos objetos relacionados con antiguos oficios que prácticamente han desaparecido. Cada estantería es un recorrido por la evolución de la sociedad leonesa, desde la vida en el campo hasta la transformación de los hogares y los pequeños talleres artesanales.
Pero los tesoros ocultos no terminan en el edificio principal. A escasos kilómetros del museo, una nave almacena las piezas de mayor tamaño, imposibles de exhibir por falta de espacio. Allí descansan carros tradicionales, trillos, aventadoras —las antiguas máquinas empleadas para limpiar el cereal—, serradoras y otros grandes aperos agrícolas que fueron fundamentales para entender la economía y la forma de vida de la provincia durante generaciones.
El valor de los objetos almacenados trasciende más allá de lo económico. Lo realmente valioso que tienen es lo emocional
Todo ese patrimonio permanece perfectamente inventariado. Antes de incorporarse a la colección, cada objeto pasa por un proceso de registro, documentación, digitalización y desinfección para garantizar su conservación. Nada entra directamente en los almacenes. Cada pieza queda identificada para que su historia no se pierda, aunque el público no pueda contemplarla, por lo menos hasta nuestros días, aunque es probable que se visualicen en alguna exposición.
El mayor problema
Paradójicamente, el mayor tesoro del Museo de los Pueblos Leoneses es también uno de sus mayores problemas. El espacio se ha agotado. Las donaciones continúan llegando con frecuencia, pero el museo se ha visto obligado a seleccionar cuidadosamente qué acepta y qué rechaza. No porque las piezas carezcan de interés, sino porque conservarlas exige unas condiciones que ya rozan el límite de su capacidad.
La intención de los responsables pasa ahora por sacar parte de ese patrimonio del anonimato mediante exposiciones temporales dedicadas a temáticas concretas. Muebles, máquinas de coser, instrumentos musicales o herramientas tradicionales podrían abandonar durante unos meses los almacenes para mostrar al público una pequeña parte de un fondo que permanece oculto.
Unas piezas donadas que requieren ya no solo de espacio, sino de tiempo, ya que se necesita en primer lugar catalogarlas. Tras ello, fotografiarlas, para que quede en el archivo. Una vez se termina ese primer proceso se meten en una habitación en cuarentena. Tras finalizar es largo proceso, que puede llegar a durar varios meses, llega el momento de buscarle el espacio justo para que se mantenga en el mejor estado posible durante el tiempo que vaya a estar escondido de los visitantes. Un proceso largo y tedioso que ya han pasado las más de 7000 piezas que lo componen.
El museo se encuentra cerca de llegar al 100% de capacidad, lo que impediría poder seguir recibiendo piezas históricas de león
Ahora se está a la espera de ver cómo evoluciona el proceso de ampliación del museo para buscar dar cabida a algunas de las obras que aguardan en sus adentros. Porque esos 7000 objetos son mucho más que una colección. Son la memoria material de León. Un archivo formado por miles de historias anónimas que siguen custodiando la identidad de toda una provincia.