Amancio libra en Ármaga su batalla contra la gravedad
La galería abre temporada con «Anatomía de un caballo», una muestra de doce piezas en hierro y bronce

La galería Ármaga ha inaugurado este viernes «Anatomía de un caballo», una exposición de Amancio González (Villahibiera de Rueda, 1965), formada por doce piezas únicas en hierro y bronce que podrá visitarse hasta el 10 de octubre (calle Alfonso V, 6). La muestra supone un nuevo paso en la evolución de uno de los escultores más importantes y con mayor proyección de León y presenta un conjunto especialmente potente, en el que el artista vuelve a jugar con el equilibrio, el movimiento y la percepción del espectador.
El caballo da nombre a la exposición y protagoniza buena parte de las obras. González explica que todas ellas comparten una idea fundamental, la ingravidez. Sus esculturas buscan que grandes volúmenes parezcan mantenerse en el aire mediante puntos de apoyo desplazados y estructuras que rompen con la lógica habitual. «¿Cómo soportamos en el aire un gran volumen sin que sea el típico apoyo de centro de gravedad y unión con la base?», plantea el escultor.
En sus caballos no pretende reproducir de forma detallada la anatomía, sino sugerirla. Algunas piezas muestran cuerpos alargados, otras fragmentan la figura o enfrentan dos caballos que parecen ser el mismo animal reflejado. «De lo que se trata es de generar en el espectador esa sensación de movimiento», señala. La ausencia de músculos o detalles anatómicos obliga además a quien contempla la obra a completar mentalmente la figura. «La anatomía la pone el espectador», explica.
La segunda parte de la exposición se adentra en la astronomía a través de antiguas representaciones de las constelaciones. Pegaso, Tauro y Capricornio trasladan al volumen dibujos en los que las estrellas se unían, para formar animales imaginarios. «Ellos veían animales fabulosos», explica el escultor, que convierte aquellas imágenes planas en composiciones tridimensionales. Pegaso es la pieza más caótica del conjunto. González intervino directamente sobre el bronce, llegando a romper y cortar parte del material para reforzar su expresividad. En Capricornio juega con la forma imposible que surge al unir las estrellas de la constelación, mientras que Tauro aparece con el punto de gravedad desplazado. El resultado es una exposición imponente y muy personal, en la que hierro y bronce se ponen al servicio de una escultura que obliga a mirar dos veces y a cuestionar lo que parece posible.

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'

Exposición Amancio González 'Anatomía de un caballo'
