Juan Echanove, actor: «A Astorga hay que tenerla muy en cuenta»
Juan Echanove recibe hoy el Premio de Honor del Festival de Cine de Astorga por su trayectoria

El actor Juan Echanove llegó ayer por la tarde a Astorga y hoy recibe el homenaje del Festival de Cine.
Astorga se prepara para cerrar una nueva edición de su Festival Internacional de Cine con un reconocimiento a toda una trayectoria. El actor Juan Echanove recibirá hoy el Premio de Honor del Festival Internacional de Cine de Astorga, un galardón que supone para él «un honor» y que recibe con especial agradecimiento por su relación profesional con León. Será, además, una visita especialmente vinculada a las artes escénicas, ya que el domingo participará en Astorga en un recital junto al barítono Luis Santana, dedicado a poetas y poetisas de la Generación del 27, antes de ofrecer un recital musical.
El actor reivindica el papel de Astorga dentro del mapa cinematográfico y defiende la importancia de los festivales que, lejos de la dimensión de las grandes citas nacionales, sirven como espacio para descubrir y dar visibilidad a quienes están comenzando. «Los pequeños de hoy sin duda alguna podrán ser los grandes del mañana», sostiene. A lo largo de sus casi cinco décadas de profesión ha podido comprobarlo de primera mano: personas a las que conoció en sus primeros trabajos y que, con el paso de los años, terminaron llegando incluso hasta Hollywood.
Por eso considera fundamental «defender a muerte» cualquier espacio que permita a quienes empiezan mostrar su trabajo y su arte. En su opinión, el Festival de Astorga representa precisamente esa apuesta por el proceso creativo y por quienes trabajan en el cine más allá de la inmediatez de otros formatos. No todos los festivales tienen que alcanzar el relumbrón de San Sebastián, Málaga o Valladolid para ser relevantes. Astorga, afirma, es «un festival muy a tener en cuenta».
El reconocimiento llega después de 48 años de trabajo prácticamente ininterrumpido, pero no encuentra al actor mirando hacia atrás. Todo lo contrario. «Yo no miro nunca para atrás ni para tomar impulsos», asegura. Tiene todavía «muchas cosas por hacer» y confiesa que le interesa «muchísimo más el futuro que el pasado». Una filosofía que también explica su manera de enfrentarse a cada nuevo personaje. Su lugar natural sigue siendo el escenario. Después de tantos años, lo define como su «hábitat», su «ecosistema». «Yo en el escenario respiro», explica. Para él, interpretar se ha convertido en una conversación permanente consigo mismo, pero también, y sobre todo, en una relación con el público.
Ahí reside una de las grandes razones por las que continúa encontrando sentido a su profesión. Cada vez que se levanta el telón aparece la misma sorpresa: comprobar que un grupo de personas ha decidido salir de casa, comprar una entrada y regalarle dos horas de su tiempo para compartir una historia. Puede ser ficción, realidad, un relato o incluso un «cuento para dormir», pero existe la posibilidad de que aquello que sucede sobre las tablas consiga, de alguna manera, mejorar la vida de quienes lo están viendo.
Esa relación con el espectador adquiere para él un valor especial cuando habla de teatro. La dimensión de una serie de televisión que puede llegar a decenas de millones de espectadores es incomparablemente mayor, pero el público teatral establece otro tipo de vínculo con el actor. Es el espectador que hace el esfuerzo de desplazarse, pagar una entrada y sentarse en una butaca durante dos horas. No establece por ello una jerarquía entre los públicos, pero sí reconoce una diferencia. Frente al espectador que puede ver una serie desde casa mientras cena o realiza otras actividades, el público del teatro le ofrece, en su opinión, «dos horas de su tiempo». Y ese gesto tiene una trascendencia especial.
Mientras tanto, el actor sigue sin mirar atrás. Astorga será hoy una nueva parada en una carrera de casi medio siglo, pero también una oportunidad para volver a encontrarse con el público, con el cine y con el escenario. Porque, para él, el mejor reconocimiento a una trayectoria no parece estar en lo que ya ha hecho, sino en todo aquello que todavía está por hacer.