Un pequeño pueblo leonés está grabando los recuerdos de sus vecinos para que no desaparezcan

'Eco del Pueblo', un proyecto de Leyre Alonso Cotarelo que ha convertido la memoria colectiva en un cuadernillo y un corto documental

Vista de la casa molino que sale a subasta en San Justo de la Vega. DL

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Los recuerdos más valiosos de un pueblo rara vez aparecen en los grandes libros de historia. Viven en conversaciones familiares, fotografías guardadas durante décadas, anécdotas de infancia y relatos que pasan de abuelos a nietos. En San Román de la Vega, una localidad leonesa perteneciente al municipio de San Justo de la Vega, esas pequeñas historias acaban de convertirse en patrimonio.

Durante este verano, la estudiante de Educación Social de la Universidad de León Leyre Alonso Cotarelo ha desarrollado 'Eco del Pueblo: Memoria, cultura y participación en San Román de la Vega'. La iniciativa, impulsada a través de una beca RALBAR de la Universidad de León y la Fundación Banco Sabadell, ha recopilado testimonios, fotografías, vivencias y experiencias de sus habitantes para reconstruir cómo transcurría la vida en la localidad varias décadas atrás.

Uno de los actos organizados en San Román de la Vega.dl

El resultado queda recogido en dos soportes concebidos para permanecer: un cuadernillo de memoria y un corto documental. Las historias contadas por los vecinos encuentran así una vía para llegar a las generaciones más jóvenes.

San Román de la Vega convierte los recuerdos cotidianos en patrimonio

El punto de partida resulta sencillo: escuchar. Leyre Alonso organizó encuentros comunitarios y recuperó la tradición de los filandones como espacio de conversación. Los participantes aportaron fotografías y comenzaron a compartir recuerdos relacionados con la vida cotidiana del pueblo.

Una anécdota despertaba otra y el relato individual terminaba formando parte de una memoria compartida. Su experiencia acabó adquiriendo una dimensión mayor de la prevista.

Aquello que para una persona puede parecer una anécdota cotidiana adquiere otro valor cuando se suma a las experiencias de sus vecinos. Trabajos, celebraciones, costumbres, fotografías familiares y pequeñas historias permiten reconstruir cómo era la comunidad desde la mirada de quienes la vivieron.

San Román de la Vega lleva su memoria oral a un corto documental

Parte de esas voces ha quedado trasladada a un corto documental, mientras otro bloque del trabajo se ha plasmado en un cuadernillo de memoria. Ambos formatos buscan conservar y transmitir el patrimonio inmaterial recopilado durante el proyecto.

La elección del vídeo posee un valor añadido. La memoria oral conserva las historias y también permite registrar voces, expresiones y formas personales de narrar. El corto documental transforma así las conversaciones mantenidas durante el verano en un testimonio destinado a permanecer.

El cuadernillo aporta la otra dimensión del proyecto y organiza parte del material recopilado en un soporte que puede pasar de unas manos a otras. Fotografías y recuerdos construyen de esta forma un archivo colectivo nacido de las aportaciones de los propios habitantes.

La implicación vecinal resultó decisiva. La Asociación Cultural Patrono San Román colaboró en la iniciativa y numerosos habitantes participaron en los encuentros y prestaron fotografías para completar el trabajo.

San Román de la Vega recupera la tradición de los filandones para escuchar a sus vecinos

La utilización de los filandones conecta el proyecto con una forma de reunión profundamente ligada a la cultura tradicional leonesa. En San Román se han convertido en el escenario desde el que reconstruir colectivamente el pasado.

Esa escucha permitió rescatar recuerdos que sus propios protagonistas consideraban pequeños y otorgarles un lugar dentro de la historia local. El valor del proyecto aparece precisamente en esa suma: la historia de un pueblo también se construye a partir de experiencias domésticas, fotografías familiares y acontecimientos que permanecen durante años en la memoria de quienes los vivieron.

La iniciativa posee además un origen personal. Alonso atribuye a sus abuelos, Dora y Crescencio, parte de su interés por conservar este tipo de relatos. Las historias que escuchaba de pequeña despertaron su curiosidad por unas memorias que ahora ha trasladado a un proyecto universitario.

San Román de la Vega ya había encontrado otro tesoro en su memoria fotográfica

La iniciativa conecta, además, con una historia singular de San Román de la Vega. En 2011, unas obras en el tejado de una vivienda sacaron a la luz decenas de antiguas placas fotográficas de cristal. El hallazgo dio paso a una investigación de Jesús Palmero y Amando Casado sobre imágenes realizadas durante las primeras décadas del siglo XX.

Diario de León profundizó en aquel patrimonio fotográfico y explicó que el trabajo llegó a abarcar unas 150 placas atribuidas al archivo de Juan Geijo y alrededor de 300 placas y negativos procedentes del archivo de José González. Para identificar personas y escenas, los investigadores recurrieron precisamente a sesiones con vecinos de San Román, cuya memoria permitió poner nombres y contexto a fotografías tomadas décadas atrás.

Las fotos de grupo abundan en ambos archivos. En esta aparece el propio Juan Geijo: es el hombre con corbata y sombrero de la tercera fila.

Ese precedente aporta una conexión preciosa con el proyecto actual. Más de una década después, los recuerdos de los habitantes vuelven a convertirse en una herramienta para documentar la historia de San Román. Antes sirvieron para descifrar rostros conservados en antiguas fotografías; ahora alimentan un cuadernillo y un documental.

San Román de la Vega busca que su memoria llegue a nuevas generaciones

'Eco del Pueblo' forma parte del programa de becas RALBAR y acerca el trabajo universitario al medio rural. En este caso, el proyecto ha unido Educación Social, participación vecinal y conservación del patrimonio inmaterial.

La propia Leyre Alonso plantea que este tipo de iniciativas podrían disponer de periodos de desarrollo más amplios, ya que la confianza y la participación comunitaria requieren tiempo. Su experiencia durante este verano ha servido, en cualquier caso, para generar dos testimonios que permanecen después de finalizar los encuentros.

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San Román de la Vega convierte así algo tan cotidiano como una conversación entre vecinos en una forma de patrimonio. Cada recuerdo recuperado completa una pequeña pieza de la historia del pueblo y permite que las generaciones futuras puedan escuchar cómo era la vida contada por quienes todavía pueden recordarla.