El estigma del hospicio de Astorga
‘Si algo todavía queda’, de Marian Martínez, relata una historia que recupera la realidad silenciada de las mujeres que dieron a luz en la institución y se adentra de manera especial en el antiguo Hospicio de Astorga y en el destino de las mujeres y los niños
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Si algo todavía queda, novela de Marian Martínez publicada por Marciano Sonoro Ediciones, es uno de esos libros a los que suele acompañar una inmensa minoría que lo llevará en volandas hasta lugares destacados. La edición de Marciano Sonoro, una vez más, es el complemento perfecto para una novela de largo recorrido y de huella perdurable. Lo presentó hace poco pero ya recoge el fruto de una calidad y un valor en el que el beun relato va a acompañado por una historia arrebatadora. Lo presentó con Jesús Palmero, editor de Marciano Sonoro junto a Cristina Pimentel, para hablar sobre la obra, su proceso de creación y, muy especialmente, la importante presencia de Astorga en la trama. La presentación adquirió así una significación especial en la ciudad maragata, ya que una parte fundamental de la novela se desarrolla en el antiguo Hospicio de Astorga y reconstruye literariamente el día a día de una institución que forma parte de la historia de la ciudad, pero también algunas de las realidades humanas más duras y menos conocidas que quedaron encerradas entre sus muros. Si algo todavía queda se aproxima así a la situación de aquellas mujeres que, en la España de la posguerra, llegaban al hospicio para dar a luz en unas circunstancias marcadas por el estigma social, la indefensión y la ausencia de capacidad para decidir sobre sus propias vidas. Muchas de ellas terminaban entregando a sus hijos a la institución, en un contexto en el que la maternidad fuera de los cauces socialmente aceptados podía convertirse en una condena moral y personal.
Novela realidad
Marian Martínez convierte esta realidad histórica en uno de los ejes de una novela que pretende dar voz a mujeres cuyas experiencias permanecieron durante décadas en el silencio. A través de la ficción, la autora se adentra en las condiciones en las que eran atendidas, en la rígida disciplina que regía estos centros y en el peso que las convenciones sociales, familiares y religiosas ejercían sobre unas mujeres especialmente vulnerables.
La protagonista de la novela, Micaela, arrastra desde la adolescencia una herida que nunca ha conseguido cerrar: un embarazo no deseado, una hija de la que fue separada y una existencia que tuvo que continuar como si aquello nunca hubiera sucedido. Veinticuatro años después, en el León de 1951, la marcha de su único hijo hace aflorar nuevamente ese pasado y la enfrenta a una necesidad que ya no puede aplazar: encontrar a su hija y tratar de reconciliarse consigo misma.
Comienza entonces una búsqueda contrarreloj que se prolongará durante nueve meses y que deberá enfrentarse a la incertidumbre, las resistencias familiares y las dificultades de unas instituciones poco dispuestas a revelar lo ocurrido. Es en ese recorrido donde Astorga y su hospicio adquieren un protagonismo esencial, convirtiéndose la ciudad no en un simple escenario, sino en uno de los espacios que sostienen el conflicto central de la novela.
Esta trama se entrelaza con otra situada a finales de los años veinte en un pequeño pueblo de la montaña leonesa, donde una joven sueña con escapar de un destino impuesto mientras trata de sobrevivir al peso de la familia, la soledad y las convenciones de su tiempo. Dos momentos históricos que terminan componiendo el retrato de una misma mujer enfrentada a las decisiones que otros tomaron por ella.
Si algo todavía queda es, de este modo, una novela sobre la pérdida y la culpa, pero también sobre la búsqueda, la maternidad y la necesidad de reconciliación. Una obra que recorre la sociedad rural y urbana leonesa de la primera mitad del siglo XX desde una perspectiva especialmente atenta a las vidas de aquellas mujeres que tuvieron muy pocas posibilidades de decidir sobre su propio destino.
Marian Martínez nació en Madrid en 1969, aunque sus raíces familiares están profundamente ancladas en Murias de Ponjos, en la comarca leonesa de Omaña. Esa vinculación con León y con su mundo rural ocupa un lugar importante en su imaginario y se traslada a los paisajes, ambientes y personajes de Si algo todavía queda.
Cuestiones sociales
Ingeniera industrial de formación, su trayectoria profesional tomó pronto un camino ligado a las cuestiones sociales. Durante los últimos veinticinco años ha trabajado en ámbitos como la cooperación al desarrollo y la acogida de personas refugiadas, una experiencia que conecta con su interés literario por quienes viven situaciones de vulnerabilidad, desarraigo o exclusión.
Actriz de teatro aficionada, viajera entusiasta y caminante, Marian Martínez ha cursado el Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores y formó parte del consejo editorial de la revista La Rompedora, en la que también ha publicado varios de los relatos que ha escrito.